Los gobiernos del mundo se preparan lentamente para asumir el riesgo - Política y Medios
28/10/2021 - Edición Nº5018

SEGUNDA OLA

Los gobiernos del mundo se preparan lentamente para asumir el riesgo

En la medida en que vislumbran sus dificultades y sus derrotas electorales, los gobiernos se preparan para asumir el riesgo y comienzan a especular con el punto de equilibrio, a partir del cual, la muerte es aceptable. Existe una cantidad de decesos y contagios que, en un futuro no muy lejano, deberemos tolerar. Cuando se logre que el mapa de expansión del virus se parezca al de cualquier otro mal vigente en los países subdesarrollados, el retorno a la normalidad será un hecho.

Por: Nicolas Mujico, Politologo UBA, maestrando en Defensa Nacional UNDEF

 

A un año ya de que el mundo ingresara en el terreno de la pandemia, habiendo pasado las 4 estaciones del año en ambos hemisferios con primeras, segundas y terceras olas y vacunas; con suspensiones de campañas y, también, con nuevas cepas en pleno desarrollo, el virus poco a poco, comienza a convertirse en una estadística más. En la medida en que vislumbran sus dificultades, sus crisis de gobernabilidad y sus derrotas electorales, los gobiernos del mundo se preparan lentamente para asumir el riesgo y, sin encontrar aún la solución, comienzan a especular con el punto de equilibrio, a partir del cual, la muerte es aceptable. Existe una cantidad de decesos y contagios que en un futuro no muy lejano deberemos tolerar.

El riesgo es parte medular de la lógica del capitalismo globalista y liberal reinante. Los atlantistas, pero también los otros, no han logrado aún establecer el modo de retornar a la normalidad sin resolver el problema. El virus no se escurrió por las grietas de los muros de la pobreza, sino por las lujosas pasarelas de los aeropuertos y los cruceros, pero la lógica que se impondrá, ya está desplegada en el tablero mundial. Solo 7 países se quedaron con el 75% de las vacunas, y 17 con el 88%. Todavía quedan más de 100 países en el mundo que no han aplicado una sola vacuna. Los líderes Occidentales, y su contraparte Oriental, han decidido que áfrica puede esperar. América del sur y central pueden rogar y el resto de los países de pobres con plata,  pueden y deben pagar. El COVID aún no ha logrado controlarse. El despliegue del virus no se asemeja al de otros males que aún hoy le cuestan la vida a centenares de miles de personas en el mundo.

Nuestra región, por su parte, no logra una estrategia común. El Mercosur, cada vez con más problemas, no jugó el mismo rol que la UE y la UNASUR pareciera ser un cadáver insepulto. Cada país debió darse una estrategia nacional para hacerse de una cantidad aceptable de vacunas, terapias y dispositivos que le permitieran surfear la ola. Para nuestros pueblos, el riesgo es aún mayor que en los países desarrollados. América Latina no logró aun superar una lista de enfermedades que van desde el Dengue, Chagas, Cólera, Hepatitis B, tuberculosis y HIV. Solo Argentina, Paraguay y El Salvador han sido declarados recientemente libres de malaria por la OMS, enfermedad que le cuesta la vida a 400mil personas por año en el mundo y que afecta en especial a los niños. La base social sobre la que se montan todas estas enfermedades es igualmente aterradora. Con una caída del PBI cercana al 10%, en 2020, en una Región en donde la pobreza ronda entre un tercio y un 50% dependiendo el país y el método de cálculo, agregar una enfermedad mas a ese cumulo de desgracias, resulta francamente ominoso.

Centro América lleva claramente la por parte. Las consecuencias del Huracán mas terrible del que se tenga memoria en 2019, no habían sido superadas aún cuando la pandemia hizo su aparición. La pérdida de infraestructura dificultó el desarrollo de estrategias que permitan combatir el virus  que se superpuso dinamitando toda posibilidad de recuperación económica. Los últimos huracanes, junto con los que pueden venir, ocasionan enormes dificultades para acceder al agua potable aún más importante en estos tiempos que corren.

Existe, a su vez, una problemática velada. Un incidente en el voluminoso expediente de la pandemia del que todavía no podemos dar cuenta: es que aún no se han podido evaluar con certeza las consecuencias de la interrupción en los servicios de enfermedades no trasmisibles tales como enfermedades respiratorias, cardiovasculares, cáncer o diabetes, pero más del 80 % de los países que aportaron datos a la OPS (organización panamericana de la salud), informaron graves consecuencias en ese sentido. Es presumible que, quienes no aportaron datos, tienen situaciones aún más complejas.

Todo indica que así serán las cosas. En definitiva, todas las sociedades tienen determinadas regularidades, las cuales fluctúan dentro de ciertos márgenes. Ese proceso de naturalización que consiste en transformar lo que ayer era inaceptable en algo normal, consiste en un cierto “dejar hacer, y dejar pasar”. Dejar morir de COVID a un anciano no es, en definitiva, tan diferente como dejar morir de hambre a un niño, a un refugiado o a un migrante. Hemos visto miles de africanos ahogarse en el océano mediterráneo hace apenas dos años sin que medie ningún escándalo y, seguramente, veremos repetir esa escena o alguna otra similar que marque la impronta de este verdadero Refenecimiento sin arte ni talento que pinte o escriba la decadencia en la que hemos caído.

Así las cosas, la campaña de vacunación se presenta como el modo idóneo de combatir el virus, pero se cierne sobre sí la lógica del poder. No se vacuna a todos por igual y ya comienza a presionar dentro de nuestra propia sociedad la lógica del Titanic. Es posible que la tasa normal de mortalidad vaya cobrando en el planisferio, en el mapa de extensión que nos hemos acostumbrado a observar, los mismos colores que tienen hace décadas la de otros males ya mencionados en este artículo y al interior de nuestro país una similar injusticia. Ya se puede escuchar a los meritocratas de nuestra patria, siempre acostumbrados al privilegio y la prepaga, el pedido de retorno a la normalidad. De “asumir el riesgo que implica vivir”. Estos valientes comparten con el establishment mundial la sólida intención de dejar a un lado a quienes no pueden defenderse y solventar su vacuna.

Por el momento, nuestro gobierno sostiene una práctica y un discurso solidario. La apuesta por la Vacuna Rusa en lo que resultó probablemente el mayor acierto en lo que va de la gestión, dio una pequeña ventaja que no se basó en actitudes mezquinas sino en una decisión valiente y osada. Sostener, extender  y regularizar la campaña de vacunación es crucial para resistir la segunda ola que vendrá acompañada de un discurso que se aprovecha del hastío de una sociedad que ya ha perdido el miedo luego de estar tanto tiempo resistiendo como en una trinchera.

Por su parte, en el mundo es perversamente evidente que, cuando se logre que el mapa de expansión del virus se parezca, como un calco, al de cualquier otro mal actualmente vigente en los países subdesarrollados, el retorno a la normalidad será un hecho.

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