Pizza en la calle, intervención en duda y un Covid positivo: el derrotero de Bolsonaro para disertar ante la ONU - Política y Medios
23/10/2021 - Edición Nº5013

76° ASAMBLEA GENERAL

Pizza en la calle, intervención en duda y un Covid positivo: el derrotero de Bolsonaro para disertar ante la ONU

La negativa del mandatario brasileño a vacunarse generó polémica, puso en riesgo su discurso, y culminó con un caso positivo dentro de la comitiva.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, volvió a convertirse en epicentro de cuestionamientos por su posición ante la pandemia de Covid-19. En esta ocasión, el escenario trascendió al ámbito sudamericano, tratándose de la 76º Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Históricamente, el mandatario brasileño es el encargado de inaugurar los discursos de líderes internacionales y, aunque este año no fue la excepción a la tradición, cabe resaltar que sí estuvo en duda su intervención. ¿La causa? Su negativa a recibir alguna de las vacunas contra el virus pandémico.

Mientras el mundo avanza en la inmunización -al igual que lo hace el gigante sudamericano- Bolsonaro viene justificando su aversión a la vacuna contra el Sars-CoV-2 con una posición de singular altruismo: asegura que no recibirá su dosis hasta que lo haya hecho el último brasileño.

Lo cierto es que este discurso cuasi romántico de líder que posterga sus intereses ante las necesidades de su pueblo resulta, además de inverosímil, inconveniente. Para empezar, nadie que conozca someramente el negacionismo exhibido por el mandatario brasileño durante la pandemia puede desligarlo de su decisión de no inmunizarse.

Pero las razones de esta decisión resultarían anecdóticas si no fuera porque, en el actual marco global, la misma puso en riesgo la posibilidad de representar al gigante sudamericano ante las Naciones Unidas.

Cada vez más países del mundo, entre ellos los Estados Unidos, disponen un pase sanitario -que requiere acreditar la inoculación recibida- para ingresar o realizar determinadas actividades. Así, por caso, el pasado domingo causó revuelo una imagen del presidente y su comitiva comiendo pizza parados en medio de una vereda de Nueva York.

Es que, en la gigante metrópoli de la costa este estadounidense, el certificado de vacunación es condición excluyente para poder ingresar a espacios cerrados como restaurantes.

De hecho, las autoridades de la ciudad habían ratificado inicialmente que el anfiteatro donde se realizaría la Asamblea General era un “centro de convenciones” y se encontraba sujeto a los mismos protocolos sanitarios que el resto de los espacios cerrados

No obstante, el jueves pasado el presidente de la Asamblea General, Abdulla Shahid, hizo circular entre los delegados de los estados miembro un comunicado donde precisaba que, finalmente, con certificar que no estaban infectados del virus podrían participar. La ONU logró hacer una excepción en la normativa neoyorquina.

“Cena de lujo”, ironizó el secretario General de la Presidencia en sus redes sociales.

[Tensiones diplomáticas y un discurso poco acreditado]

Confirmado el permiso para asistir al evento, Bolsonaro acudió el pasado domingo a la “gran manzana”, donde se encontró con manifestantes en las inmediaciones del hotel donde se alojaría. Como contracara, también se publicaron registros de otros tantos brindándole su apoyo.

La grieta no sólo no es patrimonio exclusivo de nuestro país, sino que ni siquiera se circunscribe a las fronteras nacionales.

A su vez, los contratiempos ocasionados con los protocolos comunales preexistentes reavivaron hostilidades de larga data con el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio.

“Debemos enviar un mensaje a todos los líderes del mundo, incluido y muy particularmente a Bolsonaro, de Brasil, que el que quiera venir tiene que estar vacunado”, pidió en diálogo con la prensa, y consideró: “Todos deberíamos estar seguros juntos”.

En 2019, ya habían protagonizado chispazos cuando el presidente brasileño canceló su visita a raíz de las protestas que tenían lugar en la icónica ciudad.

“Jair Bolsonaro acaba de aprender por las malas que los neoyorquinos no hacen la vista gorda ante la opresión. Denunciamos  su intolerancia. Él se escapó. No es de extrañar: los acosadores generalmente no saben recibir un golpe. Buen viaje. Tu odio no es bienvenido aquí”, escribió en ese entonces en sus redes sociales el líder socialdemócrata.

Di Blasio también lo había caracterizado como un hombre “peligroso” por su abierta aversión a las comunidades LGBTQ y escaso compromiso con el cuidado del medio ambiente.

En tanto, durante su intervención, el mandatario sudamericano defendió su gestión, intentó reivindicar los “tratamientos tempranos” contra el Covid-19, y buscó evitar rotundamente normativas obligatorias tales como los pases sanitarios.

Recordemos que en una de las ocasiones en que se contagió, Bolsonaro aseguró estar siendo tratado con Hidroxicloroquina, sustancia que generó polémica por sus escasas credenciales científicas y fue promovida ampliamente por sectores negacionistas de la pandemia y ligados al movimiento antivacunas.

No obstante, a pesar de reivindicar la “autonomía” de los profesionales de la salud para tratar la enfermedad y recordar que él mismo recibió un “tratamiento temprano”, advirtió que su Gobierno apoya la estrategia de vacunación y afirmó que el 90% de la población adulta brasileña ha recibido al menos una dosis de alguna vacuna.

Respecto a la prohibición de los tratamientos que hasta ahora no han demostrado eficiencia científica -y en algunos casos, sí riesgo de vida- aseguró que no entiende la oposición y evaluó: “La historia y la ciencia harán que rindan cuentas”.

En consonancia con su actitud a lo largo del último año y medio, el jefe de Estado brasileño también cuestionó las medidas preventivas de aislamiento social, considerando que han impactado sobre los precios incrementando la inflación. “Tenemos que luchar contra el virus y el desempleo al mismo tiempo”, añadió

Pedro Castillo abandonó el anfiteatro luego de que Bolsonaro manifestara "perdimos a Perú", en referencia a su victoria electoral.

También reivindicó su administración hablando de la existencia de “un nuevo Brasil” desde que asumió, en enero de 2019.

A pesar de las investigaciones vigentes contra su persona y su entorno, así como de las presiones públicas al juez del Supremo Tribunal Federal (STF), Alexandre de Moraes, que encabeza una de estas causas, se jactó de que “No hubo ningún caso concreto de corrupción”.

Además, aseguró haber reactivado la actividad empresarial y las inversiones del país, afirmando que se encontraba “al borde del socialismo” y que ahora tiene “un presidente que cree en Dios, respeta la Constitución, valora la familia y debe lealtad a su pueblo”.

Respecto a las críticas por su reputación de no preocuparse por la cuestión ambiental, Bolsonaro aseguró que “ningún país del mundo tiene una legislación tan completa de conservación ambiental”, repasó algunas de las medidas adoptadas y recordó que el Amazonas equivale a Europa occidental.

Entre otros temas, también celebró el apoyo recibido en la marcha del pasado 7 de septiembre por parte de quienes “no renuncian a las libertades individuales”; sugirió que trabajará en visados humanitarios para refugiados afganos “cristianos” y defendió la acogida de unos 400.000 migrantes venezolanos provenientes de lo que consideró un “régimen dictatorial”.

En una publicación, el mandatario resumió en una serie de ejes su intervención ante la 76° Asamblea General de la ONU.

[El broche de oro: un Covid positivo en la delegación]

La visita al país norteamericano, signada por los inconvenientes y un clima de cierto recelo respecto del heterodoxo líder brasileño, tuvo en las últimas horas un incidente casi metafórico: el ministro de Salud brasileño, Marcelo Queiroga, dio positivo de Covid-19.

Así lo confirmó el propio funcionario en las redes sociales, donde precisó que cumplirá con una cuarentena de 14 días en Nueva York, siguiendo “todos los protocolos de seguridad sanitaria”. En ese sentido, añadió: “Mientras tanto, el Ministerio de Salud se mantendrá firme en las acciones para combatir la pandemia en Brasil, vamos a ganar esto”.

El Ministerio aseguró que Queiroga, de 55 años, se encuentra bien y que el resto de la comitiva fue testeada antes de emprender el regreso, sin reportar ningún otro positivo. No obstante, durante la estadía en la gran manzana, un miembro del equipo ceremonial del presidente ya había sido diagnosticado con Covid-19, aunque presuntamente no había tenido contacto con el equipo oficial.

Además del discurso de Bolsonaro en la Asamblea General, el ministro había sido parte de otros eventos, incluyendo la reunión entre el mandatario y su par británico, Boris Johnson, con sus respectivos equipos.

A diferencia de la máxima autoridad, Queiroga sí ha sido vacunado con ambas dosis de la vacuna CoronaVac, del laboratorio chino Sinovac. No obstante, se trata de una de las vacunas de uso aprobado de menor efectividad comprobada, alcanzando un 50% ante la cepa original luego de ambas dosis.

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