En un clima de renovada desconfianza por la pérdida del paraguas de rescate estadounidense tras las elecciones norteamericanas, el índice del Riesgo País elaborado por el JP Morgan saltó más de 60 unidades y perforó holgadamente el techo de los 900 puntos básicos. El indicador no solo desarticuló las proyecciones estivales del Palacio de Hacienda, sino que ubicó a los títulos de la deuda soberana en valores compatibles con un escenario de virtual imposibilidad de acceso al crédito privado y cercano a las zonas de riesgo de reestructuración forzada.
El desplome en las cotizaciones de los títulos globales en Nueva York (GD30 y AL30) obedeció a la confluencia de la parálisis en la acumulación de divisas del Banco Central y al inminente paredón de vencimientos de capital e intereses previstos para el próximo año. Con el swap de financiamiento extraordinario jaqueado por la nueva correlación de fuerzas en Washington y los mercados voluntarios exigiendo retornos que superan el 18% anual en dólares, la estrategia de "rollover" ensayada por el equipo económico colapsó. La City porteña asimila con nerviosismo que el seguro de cambio implícito ya no cuenta con el respaldo de la banca multilateral.
Frente a la escalada de la brecha y el deterioro de la curva soberana, las miradas de los operadores se dirigieron de inmediato al despacho del ministro Luis Caputo. En la conducción económica reina el hermetismo, aunque en sus segundas líneas intentan aplacar el pánico argumentando que el compromiso con el superávit primario de caja garantiza el cumplimiento estricto del cronograma de pagos. Sin embargo, en los bancos de inversión de Nueva York prevalece el pragmatismo: la falta de reservas netas reales y el estancamiento de las exportaciones por el atraso cambiario tornan insostenible la estrategia de pagar compromisos corrientes con dólares propios.
La disparada de la prima de riesgo provocó una inmediata reacción de la oposición política y de los bloques legislativos rebeldes, que advierten sobre las consecuencias de insistir con la licuación de ingresos en un marco de contracción productiva. Desde los sectores industriales y el gremialismo bancario remarcaron que el regreso del Riesgo País a niveles críticos obtura definitivamente cualquier posibilidad de que las corporaciones locales emitan deuda para financiar inversiones en Vaca Muerta o infraestructura energética. La parálisis del crédito privado se suma como un nuevo lastre para la actividad real.
En los pasillos de Balcarce 50 la lectura de los datos bursátiles reactivó los reproches internos hacia la gestión de la Cancillería y los responsables del armado diplomático. El intento de restarle trascendencia al vuelco de la política internacional norteamericana choca de frente con la pantalla de la Bolsa, que expone la desnudez del programa monetario sin dólares frescos. En el seno del oficialismo temen que la escalada del indicador termine por trasladarse en el corto plazo a una mayor presión sobre las cotizaciones financieras del dólar y a un freno en la desaceleración inflacionaria.
El quiebre de la barrera de los 900 puntos sumerge al esquema libertario en su encrucijada más severa desde el inicio del mandato. Sin acceso a los mercados internacionales de capitales, con las reservas exhaustas y la bazuca financiera sepultada, la sombra de la reestructuración vuelve a planear sobre Comodoro Py y la City. La capacidad de resistencia de la política de ajuste fiscal enfrenta su test de sustentabilidad en el abismo de la deuda.