La decisión de la autoridad monetaria bloqueó las cuentas, tarjetas y transferencias de cerca de 3 millones de personas —un tercio de la población nacional— y congeló más de US$ 800 millones en fondos públicos y cajas previsionales depositados en la entidad. El terremoto económico saltó de inmediato a la arena política: la oposición ya activó pedidos de juicio político contra el presidente Santiago Peña, salpicado por sus históricos vínculos comerciales y bursátiles con el conglomerado controlador de la firma.
El estallido del escándalo generó una inmediata réplica en los despachos de Balcarce 50 y en las mesas de dinero de la City. Considerado por Javier Milei como el "modelo a seguir" para la Argentina debido a su baja presión tributaria, desregulación financiera y disciplina inflacionaria, el caso paraguayo expuso de golpe las vulnerabilidades de un esquema de rápida expansión crediticia sin controles estatables eficaces. La narrativa de la estabilidad macroeconómica guaraní sufrió un duro revés diplomático, justo cuando la Casa Rosada busca convencer a los inversores de que el libre mercado autorregula los riesgos de liquidez.
La onda expansiva se llevó por delante a las principales piezas del regulador monetario local. Presionado por el propio Peña para "dar tranquilidad al mercado", el presidente del Banco Central de Paraguay, Carlos Carvallo —quien antes de asumir la función pública se desempeñaba como ejecutivo de la propia financiera intervenida—, presentó su renuncia formal en medio de imputaciones por conflicto de intereses. En paralelo, la Fiscalía ordenó la detención de Miguel Vázquez, titular de Ueno Bank, junto a otros ocho altos directivos acusados de maniobras fraudulentas e insolvencia punible.
El impacto social roza niveles dramáticos en los grandes centros urbanos paraguayos, donde miles de ahorristas y jubilados del Instituto de Previsión Social (IPS) realizan marchas frente a las sucursales para exigir la devolución inmediata de sus activos. Aunque el Gobierno promovió a toda prisa una ley en el Congreso para ejecutar el Fondo de Garantía de Depósitos y cubrir saldos de hasta US$ 36.700 por cliente, la parálisis transaccional amenaza con romper la cadena de pagos del comercio minorista y desacelerar fuertemente la actividad económica del trimestre.
En la Casa Rosada observan con extrema preocupación el costo comunicacional de la caída de Asunción. Ante la creciente desconfianza de Wall Street y el estancamiento de las reservas del Banco Central argentino, la pérdida de sustentabilidad del faro ideológico de la región restringe el margen para defender reformas de desregulación bancaria profunda. La oposición argentina ya utiliza el colapso de Ueno para interpelar el libre flujo financiero sin encajes ni supervisión pública de riesgo.
La crisis institucional en Asunción deja al presidente Santiago Peña acorralado entre el trámite de remoción en el Parlamento y la exigencia popular de rescatar a la clase media bancarizada. Sin margen para viajes al exterior y con la renuncia de la cúpula bancaria sobre la mesa, Paraguay se encamina a una prolongada auditoría patrimonial que pondrá a prueba la solidez del sistema fiscal de la región. El "milagro paraguayo" ingresa a su hora más oscura.