En una demostración de poder de fuego parlamentario diseñada para enviar una señal inequívoca a la Casa Rosada, Bullrich reunió en Palermo a 15 diputados nacionales que responden de forma directa a su liderazgo y amenazó con paralizar el tratamiento de las leyes del Poder Ejecutivo. El contraataque ocurre pocos días después de los intentos de la Secretaría General de la Presidencia, conducida por Karina Milei, para correr a la exministra de la jefatura de la bancada de La Libertad Avanza en el Senado.
La frase que retumbó en los pasillos del Congreso sintetiza el quiebre de la obediencia ciega en la coalición gobernante: "Se acabó el 'sí, Karina'". Desde el entorno de Bullrich dejaron trascender que, sin el respaldo explícito de su tropa legislativa, el oficialismo pierde la condición de primera minoría en la Cámara Baja y queda completamente expuesto frente a las maniobras de la oposición. Dirigentes del núcleo bullrichista advirtieron que no aceptarán más imposiciones unilaterales de la mesa chica y exigieron participación real en la toma de decisiones estratégicas del Gobierno.
El movimiento tectónico impacta de lleno sobre la conducción de Martín Menem en la Cámara de Diputados. La foto de familia exhibida por el bullrichismo —con la presencia de figuras como Sabrina Ajmechet, Silvana Giudici y Damián Arabia— evidencia que el oficialismo ya no cuenta con un bloque monolítico de 95 bancas. La perdida de disciplina de este subbloque estratégico de 15 votos le quita al Poder Ejecutivo la capacidad de blindar vetos presidenciales o de frenar iniciativas de la oposición orientadas a modificar la política económica y fiscal.
Detrás de la disputa por los despachos parlamentarios subyace la pelea por la conformación de las listas para las elecciones comiciales de 2027. Mientras el esquema que encabeza la hermana del Presidente busca imponer dirigentes de pura cepa libertaria y desplazar a las estructuras provenientes del armado bullrichista, la senadora exige mantener la representación del electorado que la acompañó en las elecciones generales de 2023. La negativa a someterse a la hegemonía del círculo íntimo de Balcarce 50 amenaza con fracturar de forma definitiva la bancada oficialista.
El estallido de la interna libertaria agrega un foco de severa incertidumbre institucional en un contexto macroeconómico ya atravesado por la volatilidad. En las mesas de la City porteña observan con preocupación que la fragilidad política del Gobierno en el Congreso condicione la aprobación del Presupuesto y las reformas estructurales exigidas por los organismos internacionales. La pérdida de gobernabilidad parlamentaria erosiona la credibilidad del programa financiero que intenta sostener el Ministerio de Economía.
La rebelión comandada por Patricia Bullrich reconfigura el mapa de alianzas de la Casa Rosada y expone los límites de la conducción de Karina Milei. Con la amenaza explícita de bloquear la agenda legislativa del Ejecutivo, la bancada libertaria se encamina a una instancia de negociación forzada o a un rompimiento de consecuencias impredecibles para la estabilidad del Gobierno. La disputa por la lapicera y la jefatura del espacio ingresó en su fase más crítica.