Según el último informe del Grupo de Economía Política Ciencia (EPC) dependiente del CIICTI, la pérdida de puestos en el sector saltó de un promedio diario de 8,5 cargos en los meses previos a una tasa de casi 23 empleos destruidos por día durante el último trimestre. El salto estadístico refleja la profundización del repliegue estatal en los organismos técnicos de investigación y desarrollo.
El reporte técnico señala que el recorte del empleo calificado responde de forma directa a tres factores concurrentes: la no renovación masiva de becas doctorales y postdoctorales en el CONICET, los planes de retiro en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y las bajas de personal registradas en la Fábrica Argentina de Aviones (FAdeA). En el caso del CONICET, la parálisis en las altas de concursos ya aprobados y la supresión del cupo de becarios explican la mayor porción del desgranamiento de la masa crítica de investigadores.
La situación institucional en el INTA y en la empresa estatal de aviación expone el alcance del desguace sobre áreas estratégicas de la matriz productiva nacional. La desarticulación de programas de transferencia agropecuaria y la drástica reducción del personal técnico en el organismo rural —donde la contracción de la plantilla alcanzó niveles cercanos al 27% en comparación con la etapa previa— han paralizado ensayos de campo clave para la innovación regional. En paralelo, los recortes en los planteles de la industria aeronáutica desmembran equipos de ingeniería con décadas de formación acumulada.
Desde la trinchera sindical y académica advierten que el fenómeno bautizado como "cientificidio" trasciende la licuación salarial habitual para convertirse en un vaciamiento estructural irreversible. La paralización del financiamiento no solo empuja el éxodo de jóvenes profesionales hacia el exterior o al sector privado no calificado, sino que rompe la cadena intergeneracional de formación científica. La falta de horizontes de estabilidad institucional inhabilita el desarrollo de proyectos de investigación a largo plazo.
En los despachos del Poder Ejecutivo nacional encuadran las bajas de personal como parte del estricto programa de racionalización del gasto público y reducción del déficit fiscal. La mesa chica de Balcarce 50 sostiene que la estructura de los organismos de investigación pública arrastraba sobredimensionamiento operativo y promueve la inserción de los profesionales en el circuito de capitales privados. Sin embargo, en el ámbito industrial señalan que la parálisis de los centros de transferencia restringe la competitividad tecnológica del país.
La triplicación de la tasa de destrucción de puestos científicos confirma que la tijera fiscal no da señales de haber encontrado un techo en los organismos de conocimiento. Con el presupuesto para la función ciencia en su nivel histórico más bajo y los sueldos congelados por debajo de los índices inflacionarios, la ciencia argentina navega un proceso de erosión sin precedentes. El desmantelamiento de los equipos de I+D proyecta sombras de largo plazo sobre el desarrollo autonómico del país.