En un encuentro reservado con las principales espadas de su partido, el expresidente desafió abiertamente al Poder Ejecutivo a reunir los votos por cuenta propia y congeló sin atenuantes la posibilidad de cerrar una alianza formal entre La Libertad Avanza y el PRO antes de fin de año. La postura fija un límite al esquema de absorción parlamentaria planteado por la mesa chica libertaria.
Detrás del rechazo a la reforma electoral yace una lectura implacable sobre el estado de la gestión oficial. En los despachos del macrismo evalúan que el Gobierno atraviesa una fase de desgaste estructural y que perder la herramienta de las primarias significaría quedar expuestos a los cierres dictados de forma unilateral por Karina Milei y los hermanos Menem. Los recientes reveses del oficialismo en comicios locales —donde la boleta libertaria terminó relegada al tercer puesto o directamente careció de armados territoriales competitivos— son señalados dentro del PRO como la prueba de que el alineamiento sumiso ya no cotiza al alza.
La decisión de clausurar cualquier acuerdo institucional durante el ciclo parlamentario vigente desbarata los planes de Balcarce 50 para abroquelar a la centro-derecha en un frente único antes del turno electoral de 2027. Pese a los acercamientos fotográficos de los últimos días en la Ciudad de Buenos Aires, los operadores del exmandatario advierten que estirarán las conversaciones hasta el límite de los plazos legales. La táctica busca encarecer la negociación distrito por distrito y resguardar la identidad del espacio frente al avance del armado nacional libertario.
En las filas del oficialismo la maniobra cayó como una zancadilla táctica a la gobernabilidad y encendió las alarmas de la mesa chica. Sin el aval de los senadores y diputados alineados con el fundador del PRO, el proyecto para desmantelar las PASO ingresa en una parálisis legislativa irreversible, al tiempo que complica la agenda de reformas de fondo que el Ministerio de Economía necesita blindar en el recinto. La resistencia conducida por Macri deja expuesta la falta de volumen propio que padece el oficialismo para imponer las reglas de juego comicial sin consenso previo.
Por su parte, la oposición parlamentaria observa la profundización de la grieta en la alianza oficialista como la oportunidad ideal para presionar sobre el temario de las sesiones ordinarias. Tanto el bloque peronista como las bancadas provinciales entienden que la negativa del PRO a convalidar la eliminación de las primarias fractura la mayoría circunstancial del Gobierno y abre un escenario de dispersión de votos. El tablero político revalida el peso del equilibrio parlamentario para evitar el avance de proyectos unilaterales.
El golpe de timón aplicado por Mauricio Macri redefine la dinámica de poder entre la Casa Rosada y sus socios condicionales en el tramo decisivo del año legislativo. Al negarse a sepultar las PASO y patear las definiciones de alianzas para el calendario próximo, el jefe del PRO demuestra que la disputa por el liderazgo de la centro-derecha sigue abierta. La pulseada comicial promete tensar las negociaciones entre ambos partidos hasta el límite institucional.