El detonante fue la versión de que Axel Kicillof les planteó a sus intendentes alineados la decisión irrenunciable de desafiar a Cristina Kirchner y Sergio Massa a una competencia directa en las primarias del 2027. La postura del mandatario en contra de las "definiciones a dedo" provocó un durísimo e inmediato contraataque por parte de la cúpula de La Cámpora.
Desde la agrupación que lidera Máximo Kirchner salieron a cruzar al gobernador con munición pesada en las redes sociales. Senadores y referentes territoriales del camporismo le recordaron al jefe provincial que desembarcó en la gobernación bonaerense en 2019 gracias a la lapicera y la conducción de la expresidenta. Con frases lapidarias como "peor que la ingratitud es la estupidez" y cuestionamientos sobre el momento elegido para marcar distancia, el kirchnerismo duro acusó a Kicillof de romper el frente de unidad sin un sustento orgánico legítimo.
En los pasillos de la Gobernación platense devolvieron las críticas con evidente ironía y sorna política. Alfiles del entorno de Kicillof tildaron de "insólita" la sobrerreacción de La Cámpora y cuestionaron que la dirigencia camporista elija validar como verdad revelada la portada del matutino porteño. Desde la mesa chica del Movimiento Derecho al Futuro señalaron que el gobernador no dijo nada distinto a su posición histórica: exigir que la conducción del espacio, el armado de listas y las candidaturas se resuelvan en urnas abiertas.
En la trastienda de la disputa, lo que cruje no es únicamente el formato de competencia electoral, sino la disputa definitiva por la jefatura del peronismo hacia el 2027. Mientras el kicillofismo se apoya en los caciques comunales para terminar con el esquema centralizado de la lapicera, la cúpula kirchnerista busca retener el control sobre el cierre de las nóminas de legisladores e intendentes. La figura de Sergio Massa, alineada operativamente con el Instituto Patria en este punto, observa el barro interno con suma cautela defensiva.
El sismo desatado en las últimas horas expone que la interna oficialista en la provincia de Buenos Aires entró en una fase de no retorno institucional. Los intentos de la conducción del PJ bonaerense por contener las filtraciones y sofocar los cruces dialécticos chocaron contra el clima de desconfianza mutua que domina el territorio. Con los intendentes exigiendo certezas sobre sus boletas locales, las primarias abiertas se transforman en una trinchera ineludible de la contienda política.
La contienda pública por la portada de prensa deja en evidencia que la conducción del espacio nacional y popular ya no cuenta con un ordenador unánime. Con el armado del gobernador dispuesto a ir a la guerra de las PASO y la conducción camporista atrincherada en el valor del liderazgo histórico, la rosca del PJ bonaerense promete más episodios de alto impacto. La carrera hacia los próximos turnos electorales ya se juega a cielo abierto.