El presidente de la República Federativa del Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, envió invitaciones formales y personales a las principales figuras del peronismo para que encabecen la comitiva argentina en la ceremonia de asunción de su cuarto mandato presidencial. La lista de invitados especiales elaborada en el Palacio de Itamaraty incluye de forma destacada al gobernador bonaerense Axel Kicillof y al excandidato presidencial Sergio Massa, contemplando además una invitación para el diputado Máximo Kirchner.
El acto institucional se llevará a cabo el próximo 5 de enero en la Explanada de los Ministerios de Brasilia, en un marco de fuerte despliegue de seguridad tras la agitada agenda política que atraviesa el gigante sudamericano. La decisión del líder del Partido de los Trabajadores de conceder un lugar de privilegio en el palco oficial a la cúpula opositora argentina es leída en la City y en las cancillerías de la región como un mensaje directo hacia Balcarce 50. Tras los contrapuntos ideológicos con Javier Milei y el escándalo internacional por el fugado Flávio Bolsonaro, Lula optó por ningunear al Ejecutivo nacional.
En el entorno de Axel Kicillof celebraron de inmediato el convite brasileño, al que interpretan como un espaldarazo internacional decisivo para consolidar al mandatario de la provincia de Buenos Aires como el principal referente de la oposición continental. Los equipos técnicos de la Gobernación bonaerense ya diagraman una agenda paralela en Brasilia que incluirá reuniones de trabajo con ministros del Gabinete de Lula para abordar proyectos de integración productiva, energética y de infraestructura provincial. Para el peronismo territorial, la foto al lado del caudillo del PT cotiza en bolsa.
Por su parte, la inclusión de Sergio Massa y la eventual presencia de Máximo Kirchner terminan de moldear una escenografía de reunificación del Frente de Todos en suelo extranjero. En la trastienda del armado opositor destacan que el gesto de Itamaraty busca contrarrestar el seguidismo del Gobierno argentino hacia la agenda de Washington, ofreciendo un canal de intermediación directa con el peronismo. La comitiva argentina pretende mostrar ante los líderes regionales un programa alternativo de gobernabilidad con miras a los próximos años.
En los pasillos de la Casa Rosada y la Cancillería argentina la noticia cayó como una bomba y generó inmediata indignación en el núcleo duro libertario. Fuentes oficiales tildaron la movida del gobierno brasileño como una "provocación ideológica inaceptable" y una intromisión deliberada en la política doméstica del país. Mientras la mesa chica del Presidente debate si enviará a un funcionario de menor rango diplomático o si declinará por completo la representación del Estado argentino, el aislamiento de Balcarce 50 en la agenda sudamericana se profundiza.
La cumbre de Brasilia del 5 de enero amenaza con sellar el distanciamiento definitivo entre ambas administraciones y dejar expuestas las dos visiones antagónicas sobre el futuro del Mercosur. Con Axel Kicillof y la conducción peronista ocupando los sillones de honor en la toma de posesión de Lula, la geopolítica regional ingresa en una etapa de marcada polarización. La diplomacia de los gestos volverá a poner a prueba los endebles equilibrios del Cono Sur.