A través de los decretos que convalidan las renuncia formales de Rafael Gutiérrez y Roberto Falistocco —emblemas históricos del entramado judicial santafesino—, el mandatario radical concretó la renovación de seis de los siete sillones del máximo tribunal provincial. La jugada institucional extingue el histórico predominio de cuño peronista configurado a finales de la década de 1990 y redefine la correlación de fuerzas en la provincia.
La ofensiva del Ejecutivo provincial implicó vencer resistencias corporativas y articular mayorías en la Legislatura para apurar los recambios generacionales. Con las salidas previas de María Angélica Gastaldi, Mario Netri y Eduardo Spuler —magistrados ligados a los viejos acuerdos bipartidistas del reutemannismo y la UCR tradicional—, el oficialismo fue cubriendo los vacíos mediante pliegos afines. Las recientes designaciones de perfiles como Jorgelina Genghini, Aldo Alurralde, Jorge Baclini o Rubén Weder terminaron de moldear un tribunal completamente renovado.
El punto de inflexión del proceso radicó en la salida de Rafael Gutiérrez, quien condujo el cuerpo durante más de dos décadas sosteniendo vínculos directos con el Partido Justicialista. El saliente titular de la Corte, que evalúa ahora una eventual candidatura legislativa para el próximo año, representaba la última trinchera de resistencia frente a la agenda de reformas penales y penitenciarias de la alianza Unidos. La resolución del conflicto le otorga al Ejecutivo santafesino un horizonte de previsibilidad judicial inédito para acelerar sus medidas de seguridad.
Desde los bloques de la oposición peronista denunciaron que la manobra esconde el intento deliberado de consolidar una "Corte pullarista" adicta al Poder Ejecutivo. Legisladores del PJ argumentaron que la velocidad de las vacantes impulsadas desde la Gobernación vulnera la independencia de poderes y traslada la rosca política al corazón de los Tribunales. Las críticas apuntan especialmente al nombramiento de figuras vinculadas a la estructura oficialista en el Senado provincial, como el exsecretario legislativo Diego Maciel.
En los despachos de la Casa Gris rechazan las acusaciones de alineamiento partidario y sostienen que la renovación del tribunal obedece al fin de un ciclo institucional agotado. Cerca de Pullaro destacan que la salida de los jueces que superaban el límite etario responde a una exigencia de modernización para terminar con el "garantismo bobo" en el fuero penal. Daniel Erbetta quedará como el único sobreviviente de la vieja composición judicial y se perfila para asumir la presidencia del cuerpo en 2027.
La reconfiguración completa del máximo tribunal coloca a Maximiliano Pullaro en una posición de volumen político inédito en la historia reciente de Santa Fe. Con el control territorial, mayoría en ambas cámaras legislativas y una Corte Suprema remodelada a su medida, el mandatario ostenta la musculatura institucional necesaria para profundizar su programa de gobierno. El desenlace de esta batalla de tres años marca el nacimiento de una nueva era en el mapa del poder provincial.