Ante los rumores de un desgaste irreversible de la gestión o una eventual renuncia del Presidente a buscar la reelección, la figura de la actual jefa de la bancada libertaria en el Senado emerge como la alternativa natural para contener al polo no peronista. Sin embargo, la perspectiva de medir fuerzas contra la exministra despierta lecturas encontradas en el PJ.
Por un lado, los encuestadores y consultores políticos coinciden en que Bullrich posee una competitividad transversal superior a la del propio jefe de Estado en un eventual escenario de balotaje. La dirigente conserva la capacidad intrínseca de fidelizar el voto duro de la derecha, al tiempo que logra interpelar a los sectores desencantados de la clase media que rechazan los modales y el estilo del mandatario libertario. Su perfil institucional representa la herramienta ideal para unificar detrás de sí a la fracturada tropa del PRO y a los gobernadores dialoguistas de la antigua alianza.
Sin embargo, los estrategas de la oposición remarcan la contracara de ese hipotético choque comicial: la postulación de Bullrich sería la prueba irrefutable del fracaso del programa libertario. Si la senadora debe saltar a la cancha en reemplazo del mandatario, significaría que la aventura económica y social de la Casa Rosada naufragó estrepitosamente, obligando a cargar sobre sus espaldas el peso del descontento social acumulado. Para los analistas peronistas, enfrentar a una candidata que encarne la continuidad de un gobierno desgastado facilitaría el encuadre de la campaña hacia un voto castigo masivo.
El segundo elemento de preocupación para la cúpula del PJ radica en la habilidad política y la gimnasia territorial que ostenta Bullrich en comparación con los cuadros técnicos de la Casa Rosada. A diferencia de la rigidez ideológica que caracteriza a la conducción de Balcarce 50, la exfuncionaria posee la ductilidad necesaria para tejer acuerdos de gobernabilidad de último momento y cerrar fisuras internas con el radicalismo y los intendentes. Ese volumen político representa una amenaza concreta para la estrategia de fragmentación que venía cultivando la oposición.
A pesar de los riesgos, en el Instituto Patria y en la Gobernación bonaerense consideran que el verdadero desafío consiste en evitar la reunificación del espacio antiperonista bajo un liderazgo moderado. Los equipos de campaña ya diagraman la narrativa para pegar la figura de la legisladora a cada una de las medidas impopulares adoptadas por la administración económica. La consigna peronista buscará demostrar que una candidatura de la dirigencia tradicional no es más que un mero cambio de nombres para sostener el mismo modelo de ajuste.
Las especulaciones sobre el "Plan B" oficialista aceleran las definiciones dentro de la coalición opositora de cara al próximo armado de listas. Ya sea para confrontar contra la reelección del Presidente o contra el desembarco de la senadora, la conducción del peronismo sabe que la reconstrucción del espacio resulta indispensable para capitalizar la volatilidad del electorado. La posibilidad de medir fuerzas contra Patricia Bullrich ya forma parte del tablero central de la política nacional.