Según las estimaciones elaboradas a partir del seguimiento de la evolución diaria de los ingresos fiscales, la recaudación del Impuesto al Valor Agregado (IVA) terminará el mes con un derrumbe que se ubicará entre el 5% y el 6% en términos reales. La baja sostenida en el cobro del principal tributo ligado a las ventas confirma que la actividad comercial no logra reaccionar a pesar de los anuncios oficiales sobre la desaceleración de la inflación.
El dato fiscal sobre el comportamiento del consumo interno coincide con el diagnóstico formulado por tres informes privados y académicos, los cuales ratificaron que durante el mes de septiembre no se registró indicio alguno de recuperación económica. Las estadísticas del sector privado exponen un enfriamiento generalizado en la venta de alimentos, bebidas y bienes durables en grandes superficies y locales de cercanía. Este escenario de parate productivo echa por tierra las proyecciones más optimistas del Gobierno que anticipaban un rebote en forma de "V" para el cierre del año.
La contracción del IVA resulta una señal sumamente alarmante para los analistas tributarios, ya que este gravamen funciona como el termómetro más preciso e inmediato del nivel de ingresos y gasto de los hogares. El deterioro de los salarios reales, la pérdida del poder adquisitivo y el incremento de los costos fijados en las tarifas de los servicios públicos obligaron a las familias a recortar sus consumos indispensables. El freno al gasto doméstico paraliza la rotación de stocks en los comercios e industrial y reduce drásticamente el flujo de fondos hacia las arcas públicas.
El impacto negativo de la recaudación del IVA se proyecta con fuerza sobre el último trimestre del año, sepultando las expectativas de una reactivación estacional impulsada por las fiestas y el consumo de fin de año. Sin ingresos frescos provenientes del impuesto a las ventas, el fisco nacional enfrenta mayores dificultades para mantener la meta de superávit operativo en las cuentas públicas. Esta merma de recursos obliga al Palacio de Hacienda a aplicar soplos de ajuste adicionales sobre los gastos corrientes para compensar la caída de los ingresos impositivos.
Los gobernadores provinciales siguen con extrema preocupación la caída sistemática del IVA, dado que se trata de uno de los tributos de mayor peso dentro del esquema de coparticipación federal de impuestos. Las provincias ya sufren el estrangulamiento de sus finanzas por el recorte discrecional de transferencias desde la Casa Rosada y la baja en la recaudación de tributos locales como Ingresos Brutos. La profundización de la brecha fiscal en las provincias amenaza con complicar el pago de salarios y aguinaldos en los distritos más dependientes de la coparticipación.
La persistencia de la recesión en los meses finales del año deja al descubierto las severas limitaciones del programa monetario para traccionar el crecimiento sin una recomposición real del mercado interno. Mientras el equipo económico sostiene que el ordenamiento macroeconómico terminará por derramar beneficios sobre la economía real, los comercios de barrio continúan bajando sus persianas y la recaudación sigue en terreno negativo. El margen de maniobra de la gestión económica se vuelve cada vez más estrecho ante la apatía del consumo.