A pesar del potencial técnico que exhibe la formación no convencional para abastecer la demanda industrial del sur de Brasil, los principales actores del sector energético advierten que el proyecto para enviar gas natural argentino a través de la red de gasoductos de Bolivia o por la vía de Rio Grande do Sul enfrenta obstáculos estructurales que amenazan con empantanar las negociaciones comerciales y demorar indefinidamente el inicio de las entregas firmes.
EL FRENO A LAS INVERSIONES EN INFRAESTRUCTURA DE TRANSPORTE
El primer gran cuello de botella se ubica en las obras necesarias para garantizar la capacidad de transporte transfronterizo. La reversión del Gasoducto Norte y las expansiones requeridas en los tramos internacionales exigen desembolsos multimillonarios que dependían en gran medida del financiamiento del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) de Brasil y de organismos multilaterales. Sin embargo, la paralización de la obra pública en la Argentina y la falta de garantías sovereignes congelaron las líneas de crédito externas. Las productoras privadas que operan en la cuenca neuquina se muestran reticentes a asumir en soledad el riesgo de capital de las obras de conexión sin contratos de compraventa (offtake) de largo plazo convalidados por el Estado brasileño.
LA GRIETA DIPLOMÁTICA Y EL RIESGO DE REGULACIÓN
A las trabas financieras se suma el deterioro irreversible del vínculo bilateral entre ambas administraciones. El reciente auxilio logístico brindado desde la Casa Rosada para facilitar el tránsito del expresidente Jair Bolsonaro exacerbó la desconfianza política en el Palacio del Planalto y en los cuadros técnicos de Petrobras. Aunque las industrias del estado de San Pablo y del sur brasileño necesitan gas competitivo para abaratar sus costos insulares, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva evalúa priorizar alternativas de suministro —como la importación de gas natural licuado (GNL) o el desarrollo de proyectos no convencionales en su propio territorio— para no quedar supeditado a las decisiones regulatorias y cambiarias de un socio geopolíticamente hostil.
LA COMPETENCIA CON EL GAS BOLIVIANO Y EL GNL INTERNACIONAL
En el plano comercial, la ventana de oportunidad para el gas argentino no está exenta de presiones competitivas. Bolivia, que cuenta con los ductos operativos conectados directamente a la red paulista, busca renegociar las tarifas de peaje de transporte para mantener su protagonismo regional, al tiempo que gigantes del mercado global de GNL ofrecen contratos flexibles con entregas en terminales de regasificación sobre la costa atlántica. Si la Argentina no logra destrabar las garantías regulatorias y garantizar la previsibilidad de los envíos en firme durante los meses de invierno —cuando la demanda prioritaria interna restringe los saldos exportables—, los compradores brasileños cerrarán acuerdos de largo plazo con otros proveedores, clausurando el principal destino geográfico para los recursos de Vaca Muerta.
EL IMPACTO EN EL INGRESO DE DIVISAS Y EL FUTURO DEL RIGI
La eventual parálisis del frente exportador hacia Brasil representa un duro golpe para el esquema macroeconómico del Ministerio de Economía, que confiaba en las ventas de hidrocarburos como la segunda fuente de divisas del país detrás del complejo agroexportador. Aunque los incentivos del RIGI atrajeron el interés de fondos para desarrollos de licuefacción, la exportación por tubería al vecino país constituía la vía más rápida y económica para monetizar las reservas en el mediano plazo. La capacidad de la Casa Rosada para aislar los negocios energéticos de la disputa ideológica definirá si Vaca Muerta logra consolidarse como el motor de la integración regional o si queda confinada a abastecer únicamente al mercado doméstico.