Pese al andamiaje normativo desplegado mediante el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) y los decretos de desregulación sectorial, la llegada de divisas frescas y desembolsos de capital no logró alcanzar el volumen prometido, encendiendo las alarmas en el Banco Central ante el sesgo restrictivo sobre la oferta de dólares. La magra respuesta de los inversores institucionales vuelve a poner en evidencia las dudas del mercado respecto de la sustentabilidad del esquema cambiario y la capacidad de acumular reservas netas a mediano plazo. La cautela del capital internacional frena el despegue de proyectos de largo aliento.
El freno en el ingreso de capitales extranjeros responde a la combinación de elevadas tasas de interés internacionales, dudas sobre la salida definitiva del cepo cambiario y las demoras en la construcción de infraestructura complementaria para la evacuación de producción en Vaca Muerta y los yacimientos de litio del Norte. Las grandes operadoras globales prefirieron congelar la ejecución de nuevas etapas hasta tener garantías absolutas sobre la repatriación de utilidades sin restricciones operativas. La persistencia del diferimiento de desembolsos estanca los planes de expansión de la balanza comercial no agraria. El sesgo conservador de los fondos extranjeros obliga al Ministerio de Economía a recalcular su programa de liquidez para el próximo ejercicio.
Esta escasez de divisas de inversión agudiza la tensión sobre el mercado cambiario en la antesala del año electoral, donde la demanda de cobertura suele presionar sobre los dólares financieros y la brecha cambiaria. Sin el colchón de divisas que prometía aportar el RIGI en su etapa inicial, la autoridad monetaria se ve obligada a depender exclusivamente de la liquidación de las cosechas del campo y del endeudamiento en el mercado local para sostener el valor del peso. La falta de un flujo sostenido de inversión extranjera expone las fragilidades de la política de contención cambiaria del Ejecutivo. Las exigencias de divisas para el pago de deuda pública reducen el margen de maniobra de la política económica.
El faltante de dólares reactiva los reclamos de los sectores exportadores por un sinceramiento del tipo de cambio que devuelva competitividad a la producción local. Si el Gobierno no logra destrabar los desembolsos proyectados en la minería y la energía, el costo financiero de mantener estable el frente cambiario podría tornarse insostenible antes de la contienda en las urnas. La urgencia por consolidar el ingreso de divisas se transformó en la principal vulnerabilidad del programa libertario.
Frente a la parálisis de los capitales externos, la atención del Palacio de Hacienda se concentra en acelerar acuerdos bilaterales y licitaciones de corto plazo que permitan mitigar la sangría de divisas. El éxito o fracaso en la atracción de inversiones definirá si el modelo logra evitar un nuevo estrangulamiento de la balanza de pagos. El freno en los proyectos productivos marca la brecha entre el marco normativo y la realidad de los mercados.