En ese armado táctico, los mandatarios provinciales centran su atención en la figura de la senadora Patricia Bullrich, a quien vislumbran como una carta potable para encabezar una propuesta amplia. La búsqueda de una tercera vía estratégica intenta romper la encrucijada política entre el kirchnerismo y el oficialismo libertario. Las conversaciones entre los mandatarios del interior reconfiguran el mapa de alianzas de cara al próximo ciclo comicial.
El pragmatismo de la movida fue sintetizado de manera cruda por un importante operador del espacio al señalar que «Patricia es una senadora sin estructura y el radicalismo es un partido sin un líder nacional claro». Para los mandatarios provinciales de la UCR, la figura de Bullrich aporta volumen político, nitidez en el discurso de orden y un piso de conocimiento público que el radicalismo hoy no logra sintetizar con un candidato propio. A su vez, la legisladora encontraría en el despliegue territorial de los intendentes y gobernadores radicales la estructura de fiscalización y armado federal que carece de forma autónoma. La convergencia entre territorialidad y perfil mediático es vista como el motor de la alianza. Los diálogos informales entre las partes buscan acelerar coincidencias programáticas.
Esta ingeniería política surge como respuesta al desgaste provocado por la extrema polarización y a la necesidad de los ejecutivos provinciales de garantizar gobernabilidad sin quedar atrapados en la confrontación abierta con Balcarce 50 ni en las filas del peronismo bonaerense. No obstante, el acercamiento genera inevitables tensiones internas dentro de la UCR, donde sectores más moderados o afines a la conducción partidaria tradicional miran con desconfianza la derechización del espacio y reclaman sostener una identidad socialdemócrata e independiente. La interna dentro del comité nacional promete recalentarse a medida que avancen las negociaciones. El contrapunto entre territorialidad e ideología marca el pulso del debate radical.
La factibilidad de concretar esta oferta electoral dependerá de la capacidad de los gobernadores para contener a las distintas corrientes internas y de la disposición de Bullrich para convalidar un esquema de consensos federales. En las provincias gobernadas por el radicalismo confían en que la consolidación de un polo de centroderecha ofrecerá un refugio político para el electorado desencantado con el rumbo económico del Gobierno y temeroso del retorno del peronismo. La reconfiguración del mapa opositor ingresa en una etapa de definiciones clave.