En un contexto donde la inflación mensual trepó al 1,9% y el ritmo de devaluación oficial se mantuvo acotado al 0,3%, el tipo de cambio acumula una caída efectiva del 1% desde el último pico del precio del dólar. El atraso del tipo de cambio oficial estimuló una renovada aceleración en la salida de divisas y el drenaje de reservas. La brecha entre costos internos y cotización cambiaria compromete la competitividad de las actividades productivas.
La persistencia del esquema monetario y cambiario actual derivó en un inmediato encarecimiento del país en dólares, lo que encendió alarmas en los sectores exportadores y en el ámbito financiero. Ante la expectativa de una corrección inevitable o de un eventual agotamiento de las reservas del Banco Central, los actores económicos volcaron sus excedentes hacia la cobertura en moneda extranjera y el giro de capitales al exterior. El drenaje ininterrumpido de dólares del circuito formal deja al descubierto la fragilidad del esquema de contención. Las dudas sobre la sustentabilidad del programa económico retroalimentan la desconfianza del mercado.
En el frente de la actividad económica, diversos analistas y consultoras advierten que la estrategia de anclar el dólar para frenar la inflación consolida un escenario de recesión prolongada. Al no registrarse una recomposición efectiva del poder adquisitivo de los salarios, el consumo masivo se mantiene deprimido, lo que descarta cualquier posibilidad de un rebote motorizado por la demanda agregada interna. Frente a la parálisis del mercado local, la pérdida de competitividad cambiaria impide además que las exportaciones industriales actúen como un motor sustituto de crecimiento. El margen de maniobra de la política económica se estrecha aceleradamente ante el enfriamiento de la producción.
El panorama proyectado para los próximos meses anticipa crecientes tensiones sobre el frente externo y la balanza de pagos. La resistencia del equipo económico a flexibilizar la pauta de devaluación amenaza con profundizar el quebranto comercial e incrementar el costo financiero de sostener el esquema de paridad. La evolución de las reservas internacionales y del nivel de actividad definirá los límites de la estrategia oficial antes de terminar el año.