Desde el Ministerio de Seguridad y la Secretaría General argumentaron razones de seguridad de Estado para mantener en estricta reserva el número de efectivos y vehículos asignados. La opacidad en torno al operativo alimentó las críticas de los bloques opositores en el Congreso. El rechazo de los informes reaviva la controversia sobre los costos del Estado.
Los requerimientos presentados por legisladores nacionales solicitaban precisar el monto gastado en viáticos, la cantidad de agentes de la Policía Federal destinados a su protección personal y la justificación técnica del dispositivo. Sin embargo, las respuestas oficiales firmadas por las autoridades competentes indicaron que la difusión de esos datos pondría en riesgo la integridad del funcionario y la eficacia de los protocolos. Por este motivo, la administración central amparó la negativa en las excepciones previstas por la ley de transparencia. La postura oficial blindó completamente los expedientes administrativos.
Fuentes cercanas a señalaron que la dimensión de la custodia responde a la evaluación de riesgos realizada por las fuerzas de seguridad federales durante el ejercicio de sus funciones. Quienes defienden la medida argumentan que las amenazas recibidas por el exfuncionario en redes sociales y la alta exposición pública justifican el nivel de protección otorgado. Sin embargo, la falta de datos numéricos concretos impide auditar la razonabilidad del gasto presupuestario. El argumento de la seguridad nacional justifica el cierre de los expedientes.
Por su parte, dirigentes de la oposición denunciaron una doble vara en la política de austeridad y recorte de gastos pregonada por el oficialismo desde el inicio de la gestión. Integrantes de las comisiones de Peticiones y Control Administrativo señalaron que la negativa a rendir cuentas vulnera los estándares básicos de acceso a la información y el control ciudadano. Ante este escenario, los bloques de la oposición evalúan acudir a la Justicia contencioso administrativa para forzar la entrega. La controversia escalará hacia los tribunales de la Capital Federal.
En el ámbito judicial, especialistas en derecho administrativo recordaron que la reserva de datos de seguridad debe fundamentarse de manera individualizada y no mediante negativas genéricas. Varios fallos precedentes de la Corte Suprema han establecido que la transparencia activa es la regla y la confidencialidad una excepción de interpretación restrictiva. Por ello, la insistencia del Poder Ejecutivo en mantener el secreto absoluto podría ser revisada en sedes judiciales. El debate técnico sobre el secreto de Estado suma un nuevo capítulo.
La postura del Gobierno nacional sobre los gastos y recursos asignados a sus exfuncionarios continuará bajo el escrutinio de la opinión pública y el Parlamento. La resolución de los recursos administrativos presentados determinará si se mantiene la reserva o si el Ejecutivo se ve obligado a transparentar los costos. Mientras tanto, Balcarce 50 mantiene la decisión firme de no abrir los datos. La disputa por los fondos públicos mantendrá la tensión legislativa.