Mendoza: Ferreyra, del MUP, se mete en la disputa para el 2027 - Política y Medios
25-09-2026 - Edición Nº6811

ENTREVISTA | MENDOZA

Mendoza: Ferreyra, del MUP, se mete en la disputa para el 2027

08:37 |Tiene 30 años, es secretario general del MUP Mendoza y acaba de firmar el primer convenio de su emprendimiento, Bioverde Mza Integral, con el gremio legislativo APEL. Vendió limones en la calle durante la crisis de 2001. Defiende a los sectores que hoy traccionan la economía, pero advierte que sin política industrial el crecimiento va a dejar a Mendoza afuera: "La minería y la energía nos van a dar dólares, pero no nos van a dar los empleos".

 

Empecemos por el principio. Usted suele contar que su historia arranca vendiendo limones casa por casa. ¿Qué le dejó esa experiencia que hoy le sirva para hacer política?

Me dejó una vara. Cuando uno pasó hambre, o vio a su madre y a su abuela yendo al trueque a cambiar lo que fuera por comida, después no puede discutir políticas públicas como si fuera un ejercicio de escritorio. Éramos cinco hermanas y yo, mis viejos no pudieron terminar la primaria, y a los 16 años yo ya era ayudante de albañil y juntaba cartones y botellas. Eso no es color para una biografía: es la razón por la que sé exactamente qué significa que una familia no llegue a fin de mes. Muchos dirigentes que toman decisiones clave no saben el precio del azúcar. Yo sí, porque lo pagué.

Acaban de firmar un convenio entre Bioverde Mza Integral y APEL Mendoza. ¿Qué significa ese contrato?

Es nuestro primer gran contrato y vale por lo que demuestra. Bioverde hace albañilería, plomería, metalúrgica y mantenimiento de espacios verdes: trabajo de oficio, de gente que aprendió con las manos. Que un gremio confíe en un emprendimiento chico para ese servicio es exactamente lo que le falta a la economía argentina, cadenas donde el que empieza pueda entrar.

Y me sirve para algo más. Yo no hablo de las pymes desde una estadística. Sé lo que es esperar un pago, sostener una cuadrilla, comprar materiales que subieron tres veces en un mes. Cuando un funcionario dice que el mercado va a ordenar todo, yo pienso en esa cuadrilla.

Ese es su eje: la defensa de la pyme. ¿Qué es lo que más las está golpeando hoy?

Que las hacen competir con las manos atadas. Se abrió la economía como nunca, el dólar quedó barato para importar, y al mismo tiempo la pyme sigue con el sistema impositivo y financiero de siempre. Entonces la empresa grande trae el insumo terminado en condiciones excelentes y la pyme de acá lo produce cargando impuestos que la otra no paga. A eso le dicen competencia. Es una carrera donde a uno le dan zapatillas y al otro le atan los cordones.

Y el efecto es rapidísimo. Cerrar una pyme lleva tres meses; construir una lleva quince años. Cuando destruís ese entramado, el empleo que se pierde no vuelve solo, y el que consigue otro trabajo casi siempre lo consigue peor, en negro y cobrando menos. Eso ya pasa en Mendoza y no hace falta ningún informe para verlo: alcanza con caminar un parque industrial.

Usted habla bien de la minería y de la energía, algo poco frecuente en su espacio. ¿Por qué?

Porque son actividades que generan lo que a la Argentina le falta hace décadas: dólares genuinos. La minería, el petróleo, el gas y el agro tienen hoy buenos precios en el mundo y son los que pueden financiar un país que crezca sin ahogarse cada tres años en una crisis de balanza de pagos. Negarlo por prejuicio sería una torpeza. Y en Mendoza la energía además es historia propia, no algo que nos vino de afuera.

Ahora, hay que decir la otra mitad. Esas actividades dan muchos dólares y poco empleo: son intensivas en capital y en tecnología, no en gente. Si el país apuesta todo a eso, vas a tener un PBI que crece, exportaciones récord y al mismo tiempo pueblos que se vacían. No es una contradicción ideológica, es aritmética.

Lo que rechazo es la falsa opción. No hay que elegir entre que a la cordillera le vaya bien o que al conurbano le vaya bien. El desafío es que los dólares de la minería y de la energía financien una industria que sí genere trabajo. Eso no pasa solo. Eso se llama política industrial, y es la palabra que nadie quiere pronunciar.

¿Y qué sería concretamente una política industrial, más allá del título?

Primero, que el que invierte en grande esté obligado a comprarle al proveedor local. Hoy a las grandes inversiones se les dieron condiciones de primer mundo para importar todo, mientras el proveedor argentino compite con las reglas de acá. Así no se desarrolla ninguna cadena de valor: se desarrolla un enclave que exporta y no deja nada alrededor.

Segundo, crédito. Una pyme no puede financiarse al costo al que se financia hoy. Sin crédito largo y barato para maquinaria no hay inversión posible.

Tercero, formación. Si la minería y la energía necesitan soldadores, técnicos y operadores, que esos pibes se formen acá, en escuelas técnicas de Malargüe, de San Rafael, de Godoy Cruz, y no que traigan todo hecho de afuera.

Y cuarto, reglas que duren. Ninguna de estas cosas rinde en un mandato. Si cambian cada cuatro años, nadie invierte.

Un tema que en Mendoza pega fuerte: el repliegue de YPF hacia Vaca Muerta y el destino de los yacimientos convencionales. ¿Cómo lo ve?

Como el ejemplo perfecto de todo lo que vengo diciendo. Los pozos maduros de Mendoza no son los más rentables en una planilla de Excel, pero son los que sostienen un ecosistema entero de pymes de servicios petroleros y de empleo indirecto en el sur de la provincia. Si la petrolera de bandera se concentra solo en lo más rentable, esas pymes se quedan sin trabajo y la provincia se queda sin regalías.

Ahí se ve con claridad que la rentabilidad de una empresa y el desarrollo de una región no son la misma cosa. Y cuando no son la misma cosa, alguien tiene que representar a la región. Eso es lo que hoy falta.

¿Qué prioridades de infraestructura ve desde el territorio?

El agua, primero y lejos. Mendoza es un oasis construido a mano, con diques, canales y acequias. Sin obra hídrica no hay agroindustria, ni minería, ni nada. Y va atado a algo que desde el MUP rechazamos de plano: el proyecto que bajo el nombre de inviolabilidad de la propiedad privada deroga los límites a la extranjerización de la tierra. Acá el que compra tierra compra derecho de agua. Si eso se aprueba, la decisión sobre el recurso deja de tomarse en Mendoza.

Después, la logística. Estamos a miles de kilómetros de los puertos del Atlántico y al lado del paso a Chile. Cada camión varado en la cordillera y cada ruta rota es plata que el productor mendocino pierde y su competidor no. El corredor bioceánico y el ferrocarril no son discusiones de académicos: son el precio final de lo que producimos.

Y la infraestructura de barrio: cloacas, agua potable, calles, luz. El desarrollo que llega a la góndola de exportación pero no llega a la casa del que trabaja no es desarrollo.

Usted dice que la dirigencia frena el recambio. ¿Por qué cree que le tienen miedo a gente como usted?

Porque hay una dirigencia que hace años vive de la política y conoce poco a la sociedad que dice representar. Discute entre ella, se entusiasma con sus propias peleas y se sorprende cada vez que la gente vota distinto. No dispusieron el recambio generacional que las bases necesitan: lo frenan. Les incomoda que quienes venimos de abajo y sufrimos las crisis discutamos cargos de poder de igual a igual.

Soy secretario general del MUP Mendoza, fui precandidato a concejal en Godoy Cruz y trabajé como asesor en la Legislatura, y aun así uno siente la puerta trabada. Pero tenemos con quién: las iglesias evangélicas, las cooperativas, las asociaciones civiles, los emprendedores, la gente que labura.

Y hay algo que la política todavía no terminó de entender. Lo que viene ya no se gana prometiendo que baja la inflación. Se gana con quien pueda explicar cómo se crece y quién se lleva ese crecimiento. Ahí queremos estar. Para eso hacen falta liderazgos nuevos, con la oportunidad de formarse pero sobre todo con la sensibilidad de saber para quién se legisla. Yo vengo de ahí abajo. No me lo contaron.

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