La decisión busca evitar una dura derrota política inmediata en el Senado ante la falta de los dos tercios necesarios para convalidar su postulación. Mientras la Casa Rosada prioriza las negociaciones por el Presupuesto, las provincias intentan capitalizar la dilación judicial como moneda de cambio. Este aplazamiento profundiza la incertidumbre institucional en un tribunal clave para dirimir los conflictos económicos entre la Nación y las provincias.
La sorpresiva decisión del Poder Ejecutivo de patear la discusión para el período ordinario del año que viene reconfiguró el mapa político en el Congreso. Javier Milei prefirió administrar los tiempos legislativos antes que someter a votación un pliego que hoy carece del consenso indispensable para avanzar en la Cámara Alta. La maniobra expone la debilidad numérica del oficialismo, que sigue dependiendo de amplias alianzas con la oposición para sacar adelante sus iniciativas estructurales.
El principal argumento de la Casa Rosada para congelar el avance del magistrado de Comodoro Py radica en la necesidad de enfocar los esfuerzos en la agenda económica inmediata. La prioridad exclusiva del Gobierno pasó a ser el Presupuesto, un frente donde los negociadores oficiales no quieren sumar ruidos externos que empantanen el diálogo con los bloques dialoguistas. Abrir una batalla paralela por la cúpula del Poder Judicial exigía un nivel de concesiones que el entorno presidencial no está dispuesto a convalidar en este momento.
A pesar de la resistencia del oficialismo, la postulación de Lijo cuenta con el impulso subterráneo de un grupo de gobernadores que ven en su perfil un canal de diálogo institucional predecible. Los mandatarios provinciales necesitan influir en la composición de la Corte para blindarse frente a las recurrentes disputas por el reparto de fondos coparticipables y los recortes fiscales de la Nación. Para las provincias, la integración de las vacantes dejó de ser un debate meramente doctrinario y pasó a convertirse en una urgencia de caja.
La postergación de las designaciones mantiene intacto el rol de árbitro central de las bancadas opositoras mayoritarias dentro del Senado. El bloque peronista conducido por José Mayans retiene la llave del veto para cualquier nombramiento que requiera mayorías especiales en el recinto. Esta realidad matemática forzará al oficialismo a sentarse a negociar de forma directa con los sectores a los que públicamente combate, postergando la retórica de campaña en pos del pragmatismo político.
En paralelo a la postulación de Lijo, el aplazamiento reavivó las aspiraciones y el posicionamiento de otros actores clave de la corporación judicial. El ministro de Justicia y el sector de Ricardo Lorenzetti observan cómo el congelamiento de los pliegos altera sus propios planes para la Procuración General y la cobertura de la segunda vacante del tribunal. La parálisis forzada en las nominaciones genera un efecto dominó que mantiene en vilo a los principales despachos de los tribunales federales.