El nuevo jefe operativo se topó con un escenario caótico al cruzar los portones de la residencia oficial. El coronel Fernando Tereso asumió la tarea de ordenar el zafarrancho administrativo y de infraestructura que dejó la gestión previa en el predio de Olivos. Su perfil técnico y su experiencia previa en la fuerza terrestre fueron determinantes para que los altos mandos le confiaran el manejo de la intimidad presidencial.
La decisión de barrer con los empleados civiles e introducir uniformados responde a una paranoia creciente por la seguridad del mandatario. El despido de cocineros, mozos y personal de mantenimiento se justificó bajo la sospecha de filtraciones constantes hacia la prensa y sectores opositores. La desconfianza llegó a tal punto que el entorno presidencial prefiere la rigidez del código militar antes que la flexibilidad de los contratados de carrera.
Este movimiento de piezas en el tablero de Olivos tiene un claro ganador en la estructura de poder actual. El ascendente brigadier Sebastián Ibáñez afianza su influencia directa sobre la logística del jefe de Estado, respaldado por la confianza ciega de la Secretaría General de la Presidencia. Ibáñez coordina la transición hacia un modelo donde cada rincón de la quinta responda de manera directa a la cadena de mandos.
La atmósfera intramuros se volvió espesa y los roces entre las distintas facciones de seguridad no tardaron en aparecer. El marcado nerviosismo de los edecanes presidenciales refleja la incomodidad de las tres fuerzas ante las nuevas directivas de convivencia y control patrimonial. Los oficiales de carrera sienten que la delgada línea entre la protección institucional y la servidumbre doméstica se está desdibujando peligrosamente.
A la par de la reestructuración física y operativa, la convivencia política en la cima del Ejecutivo muestra signos de desgaste. Los testigos directos describen un frío evidente entre los hermanos Milei, quienes han reducido al mínimo sus habituales espacios de consulta mutua dentro de la residencia. Las discrepancias sobre el rumbo de ciertos nombramientos terminaron por congelar la dinámica diaria en los sectores residenciales del chalet principal.
La misión que enfrenta Tereso no se limita a pintar paredes o coordinar raciones de comida bajo estrictas normas de disciplina. El verdadero desafío del oficialismo es contener las filtraciones informáticas y humanas que erosionan la imagen pública del Gobierno desde adentro. El éxito de esta intervención castrense determinará si Olivos se transforma en una fortaleza inexpugnable o en un polvorín de internas mal silenciadas.