En este escenario de desconfianzas cruzadas, las segundas líneas de ambas facciones abandonaron los discursos de unidad formal en los municipios del conurbano. La disputa por el control de la estructura partidaria provincial amenaza con fracturar los bloques legislativos en las cámaras locales de La Plata.
Las intenciones de la conducción camporista cobraron mayor nitidez tras confirmarse que Máximo le declara la guerra a Kicillof por la Provincia de manera frontal. El legislador nacional considera indispensable recortar la influencia de los intendentes aliados que impulsan el proyecto presidencial independiente del gobernador bonaerense. Desde su óptica, cualquier postulación hacia el sillón de Rivadavia debe subordinarse primero a la conducción estratégica de Cristina Fernández de Kirchner. Esta postura inflexible clausura las mesas de negociación horizontal que los ministros provinciales venían articulando de manera silenciosa con los alcaldes vecinales.
Para ejecutar este riguroso plan de pinzas sobre la gestión platense, el presidente del Partido Justicialista bonaerense avanza con dos generales aliados de peso territorial. El jefe camporista selló un entendimiento operativo directo con el senador nacional Eduardo "Wado" de Pedro para coordinar las acciones políticas en el interior provincial. Asimismo, la alianza estratégica suma al exministro de Economía, Sergio Massa, quien busca resguardar las intendencias que responden al Frente Renovador. Este bloque tripartito conforma una barrera de contención numérica y de recursos económicos difícil de perforar para los armadores del kicillofismo.
La respuesta de la mesa chica del gobernador se concentró en ratificar la realización del plenario federal programado en la tercera sección electoral. Los estrategas de la gobernación bonaerense consideran que la legitimidad del proyecto debe validarse en las urnas mediante elecciones internas abiertas orgánicas. El ministro Carlos Bianco lidera las recorridas por los distritos costeros y el norte provincial para sumar adhesiones de sectores independientes descontentos. El kicillofismo confía en que la tracción directa de la gestión diaria actúe como el dinamizador principal para neutralizar los embates de la conducción partidaria.
El horizonte político para el peronismo del mayor distrito electoral del país ingresa en una etapa de definiciones logísticas de altísima fricción. El cruce entre la urgencia por renovar las referencias de la oposición y la resistencia a perder las lapiceras de las listas acelera los plazos de la discusión partidaria general. La solidez de la oferta alternativa que enfrente al oficialismo libertario nacional dependerá de la capacidad de evitar una diáspora de intendentes hacia el centro político. Mientras tanto, el destino de la administración provincial continuará supeditado a los costosos armisticios que deban firmarse en el barro de la Legislatura bonaerense.