El proyecto integral contempla la renovación de vías obsoletas y la construcción de un nuevo tendido clave hasta el corazón operativo de Añelo. El transporte masivo de arena de fractura e insumos industriales promete reducir sensiblemente el gasto en logística y acelerar el ritmo de las perforaciones. La articulación de estas inversiones resulta indispensable para consolidar el autoabastecimiento y transformar al país en un exportador neto de energía.
El sostenido incremento de fracturas y perforaciones en los pozos patagónicos puso en jaque la infraestructura de transporte terrestre de la región Vaca Muerta. En la actualidad, miles de camiones de gran porte transitan diariamente las colapsadas rutas neuquinas para trasladar insumos críticos, lo que genera demoras operativas, roturas en el asfalto y un encarecimiento generalizado de la actividad. Ante este panorama, el ferrocarril surge como la única alternativa viable para asimilar el flujo proyectado para los próximos cinco años de desarrollo continuo.
El corazón de la propuesta consiste en rehabilitar de manera integral el corredor de la Línea General Roca, cuya concesión fue recientemente prorrogada a la operadora Ferrosur Roca por el Ministerio de Economía. Las obras técnicas planificadas apuntan a elevar la velocidad comercial de las formaciones, que hoy transitan a un promedio de apenas 25 kilómetros por hora debido al avanzado deterioro del tendido. La modernización de los rieles permitirá aumentar la frecuencia y la seguridad de las formaciones con destino al sur.
El eslabón perdido y más codiciado del plan logístico es el proyecto del Tren a Añelo, una obra que contempla la construcción de un ramal completamente nuevo de unos 77 kilómetros de extensión. Esta traza nacerá desde la vía principal en la localidad de Contraalmirante Cordero y llegará de forma directa hasta la zona de mayor actividad de las operadoras petroleras. La conexión directa evitará el doble trasbordo de carga que hoy se realiza de manera ineficiente mediante camiones de corta distancia.
El principal insumo que traccionará la rentabilidad del proyecto ferroviario es la arena de fractura, un material de alta densidad indispensable para los pozos de shale. Una perforación promedio requiere miles de toneladas de este compuesto por cada etapa de estimulación, y los analistas estiman que el tren reducirá el costo de transporte hasta un 65% en comparación con el flete vial tradicional. Además del mineral, las formaciones transportarán tubos sin costura, maquinarias pesadas, herramientas especialivas y contenedores de servicios.
La viabilidad del financiamiento para estas obras de gran envergadura encuentra un nuevo catalizador institucional a partir del despliegue del Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI). Las petroleras que operan en la cuenca, lideradas por YPF, Pan American Energy y Pluspetrol, evalúan conformar un consorcio público-privado para costear el tendido, garantizándose el derecho de uso prioritario de las vías. El Gobierno nacional aportará las facilidades regulatorias bajo un modelo de libre acceso para múltiples operadores.
La puesta en marcha de esta ambiciosa red ferroviaria de carga no solo optimizará las finanzas de las compañías energéticas, sino que tendrá un impacto ambiental y social positivo en la Patagonia. Al retirar miles de camiones de las rutas provinciales, se logrará disminuir drásticamente la huella de carbono del sector extractivo y se reducirá la alarmante tasa de siniestralidad vial en la región. La apuesta por el tren asoma así como el puente indispensable para que el potencial de la cuenca no muera en la superficie.