La pérdida de posiciones frente a sus principales funcionarios expone un cambio de tendencia drástico en la fidelidad del voto duro. El escenario plantea un serio desafío metodológico para el armado de la estrategia de cara a los próximos desafíos legislativos. El malestar por las variables económicas empieza a condicionar las adhesiones más firmes del espacio oficial.
La última encuesta de opinión pública elaborada de forma conjunta por la consultora D'Alessio IROL - Berensztein encendió las luces de alerta en la cúpula gubernamental. El relevamiento, que tomó el pulso social sobre fines de agosto, determinó que Javier Milei quedó marginado del podio de valoración positiva entre los ciudadanos que respaldaron las boletas de La Libertad Avanza en los últimos comicios. La pérdida del liderazgo absoluto en su propia tribuna representa un golpe simbólico inesperado para la narrativa del Ejecutivo.
Quien pasó a encabezar las preferencias del electorado oficialista es la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, quien cosechó un contundente 89% de imagen positiva dentro de este segmento específico de votantes. Su figura, históricamente ponderada por los sectores duros y partidarios del orden institucional, ratificó una centralidad que supera la del propio líder libertario. Este nivel de adhesión la consolida como la referente con mayor blindaje político interno ante el desgaste de la gestión diaria.
El segundo escalón del podio partidario quedó reservado para el actual jefe de Gabinete, Guillermo Francos, quien alcanzó un 81% de apreciación favorable entre el electorado violeta. Francos, quien además se posicionó en el informe general de la muestra como el único dirigente político de todo el espectro nacional con diferencial neto positivo, es percibido como el gran articulador de la gobernabilidad. Detrás suyo, en el tercer lugar del escalafón interno, se ubicó Diego Santilli, quien obtuvo un sorpresivo 77% de aprobación.
Recién en la cuarta ubicación del ranking de su propia fuerza aparece el jefe de Estado, registrando un 76% de valoración positiva entre sus propios votantes. Aunque el número sigue siendo estructuralmente alto en comparación con la oposición, quedar relegado por debajo de tres de sus principales espadas políticas marca una fisura inédita en el personalismo de la coalición. Por debajo del mandatario se posicionaron el ministro de Economía, Luis Caputo, y el asesor Federico Sturzenegger.
Al expandir el análisis hacia la muestra general de la población, el panorama para el líder de La Libertad Avanza resulta todavía más complejo. El mandatario nacional quedó relegado a la octava colocación del ranking general con apenas un 34% de aprobación contra un preocupante 57% de rechazo generalizado. Este fuerte diferencial negativo se correlaciona de manera directa con un marcado pesimismo social respecto a la evolución de las finanzas familiares y la constante suba de los servicios públicos regulados.
Las conclusiones del estudio detallan que la paciencia del núcleo duro comenzó a erosionarse debido a la persistencia de la recesión general. Un 66% de los encuestados afirmó que la situación del país está notablemente peor en comparación con el período previo, mientras que el temor a que los ingresos fijos sigan perdiendo la carrera contra la subsistencia básica se consolidó como la principal preocupación hogareña. El oficialismo deberá recalcular sus proyecciones si pretende revertir la tendencia antes de que el descontento perfore su núcleo identitario.