"Podría pasar el año que viene": el científico que plantó a Anthropic le puso fecha al apocalipsis de la inteligencia artificial - Política y Medios
10-09-2026 - Edición Nº6796

APAGÓN DIGITAL INMINENTE

"Podría pasar el año que viene": el científico que plantó a Anthropic le puso fecha al apocalipsis de la inteligencia artificial

13:33 |El investigador Jacob Coxon sacudió al mundo tecnológico al poner una fecha exacta al momento en que la IA se volverá verdaderamente peligrosa. Tras presentar su renuncia indeclinable a la gigante Anthropic, el científico brindó tres entrevistas televisivas consecutivas en los principales canales de Estados Unidos.

Coxon advirtió que el riesgo real de una catástrofe global comenzará mucho antes de lo previsto por los gobiernos. La comunidad científica local sigue con extrema atención sus declaraciones debido al fuerte impacto regulatorio que podría tener sobre el desarrollo de software.

Para llevar tranquilidad, el especialista aclaró que los modelos comerciales actuales carecen de la capacidad técnica autónoma para causar una extinción humana. El verdadero peligro, según detalló de forma contundente, comenzará formalmente cuando los sistemas alcancen la madurez para mejorarse a sí mismos sin intervención de ingenieros. El exmiembro de Anthropic explicó que el punto de quiebre llegará de forma repentina durante el transcurso del año dos mil veintisiete. Los desarrolladores de Silicon Valley entraron en pánico ante la velocidad con la que avanza este proceso de automatización absoluta.

La respuesta de la empresa Anthropic no se hizo esperar y salieron a cruzar públicamente las declaraciones de su antiguo empleado estrella. A través de un comunicado institucional oficial, la corporación tecnológica relativizó los plazos apocalípticos pero reconoció la necesidad de implementar auditorías éticas estrictas. Los directivos de la firma argumentaron que los protocolos de seguridad vigentes en sus laboratorios son los más avanzados de la industria digital global. La discusión pública expone la profunda grieta que divide a los creadores de software entre los aceleracionistas y los reguladores.

Por otra parte, los expertos argentinos en ciencia y tecnología advierten que el país se encuentra completamente desarmado para legislar sobre estos riesgos cognitivos inminentes. La parálisis presupuestaria que sufren las universidades nacionales impide la creación de comités locales que analicen el impacto de la inteligencia artificial. Mientras las potencias globales discuten tratados de control digital estratégicos, el entramado científico local pierde investigadores jóvenes que emigran atraídos por contratos extranjeros. La soberanía tecnológica nacional se debilita frente al avance arrollador de los algoritmos diseñados por las corporaciones multinacionales.

Para concluir, las revelaciones de Jacob Coxon marcan un antes y un después en la percepción civil sobre el avance descontrolado de la informática. La posibilidad de que una máquina adquiera autonomía intelectual autónoma dejó de ser un argumento literario de ciencia ficción para transformarse en una realidad matemática. Los parlamentos del mundo se verán forzados a dictar normativas de emergencia para evitar un apagón ético de consecuencias planetarias impredecibles. El futuro de la humanidad se define hoy en la delgada línea que separa la innovación comercial del control humano soberano.

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