El equipo conducido por Luis Caputo aguarda con desesperación un número inferior al dos por ciento para colgarse una medalla discursiva abstracta. Las principales consultoras privadas estiman que el indicador oficial se ubicará finalmente en un rango que oscila entre el 1,4% y el 1,9% mensual. Sin embargo, los economistas independientes aclaran que este freno en las góndolas responde exclusivamente a la brutal caída del consumo popular.
El ilusionismo financiero del Palacio de Hacienda pretende instalar que la inflación de agosto podría convertirse en la más baja de todo el mandato libertario. Si el dato oficial se ubica por debajo del 1,5% histórico registrado en mayo del año anterior, el relato oficialista saldrá a gritar victoria. Pero la supuesta desinflación del ministro Caputo choca de frente contra las góndolas de los supermercados que acumulan aumentos desmedidos. La Fundación Libertad y Progreso arrastró la previsión general a la baja al proyectar un optimista 1,4% para el octavo mes del año.
En la vereda de enfrente, firmas como Equilibra e Invecq advierten que la realidad de los precios mantiene un piso firme del 1,9%. El desplome estacional del turismo tras el receso invernal funcionó como un bálsamo temporal para disimular la inercia inflacionaria subyacente. El Relevamiento de Expectativas de Mercado que confecciona el Banco Central ubicó el promedio general de las estimaciones en un 1,7%. Luis Caputo festeja anticipadamente las planillas de laboratorio técnico, desconociendo por completo las devaluadas jubilaciones que se ajustarán con este índice.
Por otra parte, los industriales de la Unión Industrial Argentina pusieron un freno a la euforia ministerial recordando el alarmante nivel de parálisis productiva del país. Los empresarios advierten que la inflación no puede medirse de forma aislada mientras las fábricas operan muy por debajo de su capacidad. El freno en los precios es la consecuencia directa de una población asfixiada que ya no tiene recursos para convalidar nuevos aumentos de tarifas. El modelo económico de Caputo exhibe una estabilidad artificial sustentada en la recesión del mercado interno y la pérdida masiva de empleo.
Para concluir, la difusión del dato a las dieciséis horas marcará un hito discursivo que el oficialismo utilizará para tapar la caída de la actividad industrial. Ningún índice de laboratorio podrá revertir que los precios minoristas se triplicaron con holgura desde el inicio de la actual gestión. Los sectores comerciales y pymes esperan con escepticismo un informe oficial desvinculado por completo de la estructura de costos reales cotidianos. La economía argentina demanda de manera urgente reactivación genuina y salarios dignos, alejándose definitivamente de los festejos ficticios de la timba financiera capitalina.