El mandatario bonaerense busca capitalizar los cortocircuitos políticos tanto a nivel local como en la mesa nacional del justicialismo. La foto junto a las autoridades provinciales y el encuentro con productores locales buscan profundizar los contrastes con la gestión nacional. Dirigentes y jefes comunales se debaten entre la alineación directa y el pragmatismo del peronismo federal.
El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, desembarca este miércoles en Misiones en una jugada clave para su proyección hacia 2027. La gira del mandatario bonaerense por el Noreste Argentino representa una parada estratégica de alta densidad política. Acompañado por sus principales armadores, el dirigente cruza los límites de su propio territorio para sumar volumen a su armado nacional en una provincia históricamente compleja.
La llegada del bonaerense se produce en un escenario provincial marcado a fuego por la fuerte interna entre el actual gobernador, Hugo Passalacqua, y su histórico mentor político, Carlos Rovira. La ruptura definitiva entre ambos líderes de la renovación misionera abrió un canal imprevisto para el peronismo. Kicillof busca moverse con destreza en ese río revuelto, mostrándose como un aglutinador para los sectores que quedaron huérfanos de conducción en la tierra colorada.
La agenda oficial contempla una reunión formal en la Casa de Gobierno con Passalacqua para rubricar convenios de cooperación e industria. El encuentro expone un paralelismo evidente entre el misionero y Kicillof en sus búsquedas de autonomía, dado que ambos decidieron trazar un punto de no retorno con las conducciones históricas de sus respectivos espacios. No obstante, desde el entorno del mandatario local aclaran que la foto institucional no implica un aval automático a una candidatura presidencial prematura.
El epicentro de la militancia estará en la capital provincial, donde el Partido Justicialista de Misiones prepara un acto masivo en su sede central de Posadas. El justicialismo local viene de atravesar sus propias batallas internas de normalización, donde la conducción actual comandada por Christian Humada logró imponerse frente a las facciones más duras del kirchnerismo. Esta fisonomía del PJ misionero le calza justo a Kicillof, quien busca mostrar una renovación transversal y federal despegada de las viejas estructuras de Buenos Aires.
La recorrida también incorpora una fuerte señal hacia las economías regionales al incluir visitas a cooperativas e industrias yerbateras. La comitiva bonaerense busca contrastar de forma directa con el reciente y tenso paso de Javier Milei por la región, donde el presidente nacional fue recibido con reclamos y protestas de pequeños productores. Al mostrarse receptivo ante la crisis del sector yerbatero derivada de la desregulación, Kicillof intenta solidificar su perfil de alternativa de gestión productiva.
La pulseada por el liderazgo del peronismo del norte entra en una fase de definiciones donde cada foto cuenta. Mientras que algunos intendentes misioneros se entusiasman en impulsar abiertamente la postulación del bonaerense, las tribus locales siguen tironeadas por el armado del peronismo federal. El desembarco de Kicillof en Misiones acelera los tiempos políticos e instala un debate inevitable sobre el rumbo que adoptará el peronismo del interior de cara al rearmado opositor.