La falta de dinamismo en el mercado interno y la caída del consumo aparecen como los principales factores determinantes. Se teme que el impacto se traslade de forma inmediata a los niveles de empleo registrado durante los próximos meses. Las pymes reclaman medidas urgentes para revertir una tendencia que amenaza la supervivencia de los establecimientos.
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) sacudió al tablero macroeconómico al revelar que la actividad industrial experimentó un derrumbe del 5% intermensual en julio. El dato no solo quiebra el leve repunte que se había registrado en junio, sino que posiciona al sector en uno de los niveles más bajos de la gestión actual. La magnitud del freno tomó por sorpresa a varios despachos oficiales que esperaban una estabilización de las variables productivas. [1, 2, 3]
La preocupación de los especialistas radica en que este desplome altera el diagnóstico de los meses previos. Los economistas advierten que la economía pasó formalmente de un estado de estancamiento a una caída libre, liderada por los sectores mercado-internistas. Mientras que rubros vinculados a la exportación de recursos naturales sostienen números positivos, el entramado fabril tradicional, que representa la mayor porción del empleo privado, no encuentra un piso viable.
El análisis pormenorizado de las ramas manufactureras refleja un retroceso casi generalizado. Doce de las 16 divisiones industriales relevadas por el organismo mostraron variaciones interanuales negativas, con caídas drásticas en bienes de capital y de consumo. Los rubros más golpeados incluyeron a la fabricación de maquinaria y equipo, que retrocedió un 26,7%, y al sector textil y de indumentaria, afectado por la apertura de importaciones.
La contrapartida directa de este escenario se evidencia en la sustentabilidad de los puestos de trabajo en el mediano plazo. Diversas consultoras privadas alertan sobre el riesgo inminente de una ola de despidos si la demanda local no muestra señales de recuperación. Los empresarios pyme aseguran que los costos fijos, sumados al incremento de tarifas fijas, vuelven insostenible el mantenimiento de las plantillas de personal con plantas operando a menos del 60% de su capacidad.
Desde el Palacio de Hacienda intentan matizar el impacto argumentando que sectores estratégicos como la energía y la minería mantienen tasas de crecimiento de dos dígitos. Sin embargo, la dualidad de la economía argentina genera un desequilibrio difícil de ignorar, ya que los sectores en auge no logran absorber la mano de obra que desplaza la industria. La recesión en el consumo masivo actúa como un ancla que frena cualquier intento de rebote generalizado.
El panorama para el cierre del tercer trimestre se presenta altamente desafiante y con proyecciones reservadas. Las expectativas de una reactivación en forma de "V" se diluyen para dar paso a proyecciones de una llanura prolongada o una mayor contracción. Sin un cambio en la ecualización de los precios relativos, el salario real y las tasas de interés, el motor productivo nacional continuará funcionando a media máquina.