Los operadores de Balcarce 50 exteriorizaron su fastidio ante la falta de una estrategia legislativa hermética que evite la constante alteración de los proyectos originales por parte de la oposición dialoguista. Por su parte, la jefatura del bloque libertario defiende la necesidad de ceder en ciertos puntos para evitar que las iniciativas queden completamente encajonadas o sumen nuevas derrotas en el recinto.
El epicentro de las fricciones quedó al descubierto tras el inesperado freno parlamentario que sufrió el proyecto del "Súper RIGI" en el plenario de comisiones. La iniciativa oficialista, diseñada para atraer grandes desembolsos de capital, no logró cosechar las firmas necesarias por el reclamo del PRO y el radicalismo, quienes exigieron imponer mayores cláusulas de protección para los proveedores industriales argentinos.
Ante el condicionamiento de las bancadas aliadas, la jefa del bloque libertario, Patricia Bullrich, optó por enfriar el tratamiento con una frase que resonó con fuerza en los despachos de la Casa Rosada: "Si tiene tantos problemas, nos quedamos con el RIGI". Esta postura pragmática generó malestar en el entorno presidencial, donde consideran que se debió haber presionado con mayor rigor para sostener la versión original sin modificaciones estructurales.
Para contrarrestar el impacto de ese traspié y reconstruir puentes con el radicalismo y los bloques provinciales, la conducción de La Libertad Avanza aceleró el dictamen para reformar la Ley de Biocombustibles. El nuevo texto consensuado amplía los cortes obligatorios de biodiésel y bioetanol, respondiendo a un reclamo histórico de los gobernadores de las provincias productoras.
Esta movida parlamentaria fue capitalizada por la exministra como un triunfo de su propia lapicera, ya que el despacho final tomó como base un proyecto de su autoría, aunque modificado sustancialmente por los aportes sectoriales. Sin embargo, la jugada volvió a encender las alarmas en la Casa Rosada debido al lobby contrapuesto entre las pymes regionales y las grandes cerealeras.
Mientras la desconfianza mutua paraliza temporalmente otras reformas de la administración nacional, los armadores políticos intentan recalcular las mayorías de cara a las próximas sesiones. La falta de una conducción unificada en el Congreso expone de forma abierta una inédita grieta metodológica dentro del propio oficialismo, donde se debate si el camino es la intransigencia ideológica o la negociación descentralizada.