Las estimaciones de consultoras privadas y centros académicos anticipan un fuerte freno en la tendencia al descenso que venía mostrando el indicador social más sensible. La pobreza habría quebrado su racha a la baja para ubicarse nuevamente por encima del umbral previo, impulsada por la aceleración en las tarifas de servicios públicos. Los microdatos de la encuesta de hogares evidencian que la leve mejoría del año pasado encontró un límite insalvable ante la devaluación y la pérdida sistemática de poder adquisitivo.
En el plano laboral, la expectativa general se centra en las cifras del segundo trimestre que el organismo dará a conocer a mediados de mes. El índice de desocupación se mantendría en torno al 7,7%, reflejando la destrucción de miles de puestos de trabajo asalariados formales en sectores como la construcción y la industria. La contraofensiva oficial para matizar este escenario se apoya en el crecimiento del empleo independiente, aunque los especialistas advierten sobre su naturaleza profundamente inestable.
La Universidad Torcuato Di Tella, a través de sus proyecciones periódicas, encendió las alarmas al calcular que la tasa de pobreza del primer semestre escalaría al 31,6% en promedio nacional. Este repunte estadístico significaría que cerca de 9,4 millones de personas pasaron a vivir en hogares urbanos con ingresos insuficientes para cubrir la canasta básica. De confirmarse las proyecciones, el Gobierno deberá enfrentar el desafío político de explicar el retroceso respecto al 28,2% registrado a fines del período anterior.
Por su parte, los relevamientos del Observatorio de la Deuda Social de la UCA coinciden en que los sectores informales son los más vulnerables en esta etapa de estancamiento. El crecimiento del cuentapropismo asoma como la única vía de escape para los trabajadores que fueron desplazados de las firmas privadas formales. Sin embargo, la brecha existente entre la evolución de la inflación y las remuneraciones de los monotributistas agudiza la brecha social y limita las posibilidades reales de consumo diario.
El frente político de La Libertad Avanza medirá la resistencia de su programa de reformas estructurales en un entorno de alta sensibilidad social. Las estadísticas del INDEC funcionarán como un duro baño de realidad frente a las afirmaciones presidenciales que celebraban la erradicación masiva de la marginalidad urbana. El cruce de variables expondrá si la macroeconomía ordenada y el superávit fiscal logran traducirse en un bienestar palpable para la clase media y los sectores postergados.
Finalmente, el mes de las mediciones dejará al descubierto las profundas inequidades laborales y educativas que afectan a las generaciones más jóvenes del país. Casi el 35% de la juventud en contextos vulnerables carece de empleo y estudio, perpetuando un esquema de movilidad social descendente. El veredicto de los números oficiales determinará los márgenes de maniobra del oficialismo para sostener su plan de ajuste sin alterar la paz social en los principales aglomerados urbanos.