El costo de los alquileres obliga a miles de adultos mayores a postergar su retiro definitivo - Política y Medios
27-08-2026 - Edición Nº6782

REALIDAD PREVISIONAL

El costo de los alquileres obliga a miles de adultos mayores a postergar su retiro definitivo

14:49 |El deterioro de los haberes jubilatorios frente a las exigencias del mercado inmobiliario generó una brecha insalvable para la clase pasiva en la Argentina. La necesidad de sostener un techo propio empuja a los mayores de 60 años a reinsertarse en el mercado de trabajo para evitar el desalojo.

Los relevamientos sectoriales confirman que el gasto en vivienda e impuestos devora la mayor parte del presupuesto mensual en la gran mayoría de los hogares inquilinos. Ante la falta de programas oficiales de vivienda y la desregulación total de los contratos, la extensión de la vida laboral activa se transforma en una estrategia extrema de supervivencia. El fenómeno redefine las dinámicas de la vejez y enciende las alarmas de los especialistas en previsión social.

El panorama económico para los sectores más vulnerables de la pirámide previsional sumó un factor de asfixia determinante. La alarmante estadística sectorial revela que la tasa de actividad entre los mayores de 60 años que alquilan es 17 puntos superior a la de quienes poseen una vivienda propia. El dato estadístico expone de manera cruda cómo la falta de un techo heredado o adquirido durante la juventud anula por completo el derecho al descanso y al retiro.

El mercado inmobiliario actual impone condiciones que resultan prohibitivas para los ingresos fijos de la seguridad social del país. Según las últimas encuestas especializadas de organizaciones de inquilinos, el alquiler se lleva más de la mitad de los ingresos en 7 de cada 10 hogares de jubilados. Esta ecuación financiera deja a los adultos mayores con un remanente mensual que no llega a cubrir la canasta básica de alimentos ni la compra de medicamentos crónicos.

Esta dura encrucijada habitacional modificó de forma drástica las rutinas de la población pasiva en las principales metrópolis argentinas. Para evitar la marginación habitacional o tener que abandonar sus barrios de toda la vida, los abuelos deben reingresar al circuito de las changas informales. Las tareas de cuidado, la atención en comercios vecinales o el desarrollo de oficios domésticos de baja calificación son las únicas opciones para complementar los devaluados ingresos estatales.

La problemática expone asimismo el fracaso de las redes de contención estatales históricas que debían proteger a este segmento social vulnerable. Los planes oficiales de vivienda para la tercera edad se encuentran virtualmente paralizados o desfinanciados por los sucesivos recortes en las partidas de obras públicas. La ausencia de líneas de crédito blandas o subsidios específicos de alquiler condena a los adultos mayores a quedar a merced de la especulación inmobiliaria privada.

Desde la perspectiva médica y psicológica, la obligación de continuar prestando servicios laborales en edades avanzadas deteriora la salud a un ritmo acelerado. Los especialistas advierten que el estrés por la inestabilidad de los contratos potencia afecciones cardíacas y cuadros depresivos graves en mayores de setenta años. Lejos de representar un esquema de envejecimiento activo o saludable, la extensión forzada de la jornada de trabajo es vivida como una condena física insalvable.

En las próximas semanas, diversas agrupaciones de jubilados e inquilinos bonaerenses planean presentar un proyecto de ley conjunto ante el Congreso. El objetivo de la iniciativa popular es exigir la declaración de la emergencia habitacional previsional y la creación de un subsidio directo para locatarios pasivos. Mientras los legisladores demoran las discusiones políticas de fondo, el almanaque no da tregua y los vencimientos mensuales siguen devorándose el esfuerzo de toda una vida.

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