Al mismo tiempo, el dirigente tomó distancia tanto del rumbo económico que implementa Javier Milei como de la propuesta de conducción alternativa que encabeza Axel Kicillof. Con este movimiento táctico, el legislador busca posicionarse como la voz de los gobernadores del interior que reclaman un federalismo real dentro del peronismo.
La sorpresiva reaparición pública del exmandatario provincial encendió de inmediato las alarmas en el tablero político de la principal fuerza de la oposición. Uñac rompió un largo silencio mediático para patear el tablero partidario e instalar de manera anticipada la discusión por la sucesión nacional, en un momento donde el PJ todavía procesa sus derrotas recientes. El sanjuanino argumentó que la única forma de recuperar la credibilidad frente al electorado es abrir los padrones para que la militancia elija democráticamente a sus nuevos liderazgos institucionales.
El reclamo de elecciones primarias transparentes encierra una fuerte crítica a la centralidad del peronismo del Área Metropolitana de Buenos Aires en la toma de decisiones estratégicas. El senador denunció que las decisiones unilaterales de las cúpulas terminaron aislando al partido de la realidad productiva que se vive a diario en las economías regionales de las provincias del interior. Su propuesta apunta a vertebrar una liga de dirigentes sub-50 del interior del país que logre disputar el control de la estructura partidaria nacional a los sectores del kirchnerismo duro.
En sus definiciones programáticas, el dirigente sanjuanino se ocupó de trazar una frontera discursiva bien clara respecto a las dos principales vertientes de la política argentina actual. Uñac criticó con severidad el programa de ajuste que lleva adelante la gestión de la Libertad Avanza, advirtiendo sobre el violento freno de la obra pública y el impacto recesivo en las provincias mineras. Sin embargo, su diferenciación de la gestión bonaerense demuestra que tampoco está dispuesto a encolumnarse detrás del proyecto político que se gesta en los despachos gubernamentales de La Plata.
Los armadores del peronismo tradicional en el Congreso recibieron el mensaje del cuyano con una mezcla de cautela y pragmatismo de cara al armado legislativo. Varios jefes de bloque del interior coinciden en la necesidad de democratizar el espacio, pero miran de reojo la conveniencia de desatar una guerra interna tan prematura cuando aún restan batallas electorales intermedias. Los contactos telefónicos se multiplicaron entre las capitales provinciales para evaluar si el lanzamiento de la candidatura responde a un proyecto estrictamente personal o si cuenta con el respaldo silencioso de otros caciques territoriales.
Por su parte, el sector que responde a la conducción del PJ bonaerense prefirió no salir a cruzar de manera abierta las declaraciones para evitar amplificar el desafío del senador. Cerca de los principales despachos partidarios insisten en que el verdadero enemigo político es el modelo libertario y que cualquier debate sobre candidaturas ejecutivas resulta totalmente extemporáneo ante las urgencias sociales. Saben perfectamente que confrontar en este escenario con los gobernadores del interior solo profundizaría una fragmentación que el peronismo necesita sanar urgentemente para volver a ser competitivo.
El movimiento de Uñac redefine los plazos de la discusión partidaria y obliga a los diferentes sectores internos a explicitar sus estrategias de cara al futuro de la fuerza. La demanda de internas obligatorias funcionará como un termómetro para medir el nivel de resistencia que las estructuras tradicionales opondrán a la renovación federal del peronismo. La carrera hacia el recambio del liderazgo opositor acaba de habilitar su primer casillero en la región de Cuyo, inaugurando una etapa de alta tensión y reconfiguración de lealtades territoriales.