El informe expone que el desgaste de la figura del jefe del Partido Justicialista de Buenos Aires atraviesa todas las franjas etarias. Los altos niveles de desaprobación de Kirchner ya no pertenecen exclusivamente al núcleo de votantes oficialistas, sino que se extendieron hacia sectores independientes y moderados de la sociedad. Esta tendencia negativa se ve potenciada por la falta de renovación discursiva en sus apariciones públicas, lo que aleja de forma sistemática el interés de los votantes más jóvenes.
La crisis de representatividad que reflejan las planillas estadísticas afecta tanto al kirchnerismo duro como a los sectores libertarios más combativos. En el fondo del ranking de la consultora el diputado comparte el pelotón de los dirigentes más rechazados con la legisladora oficialista Lilia Lemoine. El hecho de que referentes de perfiles ideológicos tan antagónicos queden igualados en la desaprobación ciudadana evidencia un hartazgo social generalizado frente a las confrontaciones y las polémicas de la grieta.
A la par de su imagen personal en rojo, la proyección electoral del dirigente bonaerense de cara al mediano plazo se encuentra severamente condicionada. Los indicadores de rechazo al voto alcanzaron registros récord, con encuestas previas que señalan que un amplísimo sector del electorado afirma que jamás elegiría su boleta en las urnas. Este techo electoral tan bajo enciende alarmas en las filas del peronismo, donde ya se debate la necesidad de construir nuevos liderazgos de cara a los próximos comicios legislativos.
La interna que mantiene con el gobernador bonaerense Axel Kicillof agrava aún más su posicionamiento estratégico en el plano de la discusión pública. Mientras el mandatario provincial logra retener cierto capital de apoyo, los cuestionamientos internos hacia los manejos de la cúpula de La Cámpora debilitaron la capacidad de articulación política de Kirchner. La persistencia de estas tensiones territoriales profundiza el aislamiento del legislador, dificultando cualquier intento de revertir su pronunciada caída en los sondeos de popularidad.
El escenario general muestra un panorama de profunda insatisfacción con el conjunto de la dirigencia nacional sin distinción de banderas políticas. Todas las figuras evaluadas por los analistas cerraron el informe con saldos diferenciales de imagen netamente desfavorables. En este clima de apatía colectiva, el desafío para el peronismo consistirá en procesar los alarmantes niveles de rechazo que arrastra su conducción tradicional para evitar que el descontento social profundice la fuga de votos hacia terceras fuerzas.