Los representantes gremiales denunciaron que la administración central mantiene retenidas de forma arbitraria las transferencias de fondos que ya fueron debidamente aprobadas por el Congreso. Esta falta de remisión de las partidas impide el normal funcionamiento operativo de los edificios, afectando desde el pago de los servicios públicos básicos hasta la compra de insumos de laboratorio esenciales. Las autoridades de las distintas universidades nacionales ya advirtieron que los recursos disponibles se encuentran al límite de su capacidad, poniendo en serio riesgo la continuidad del ciclo lectivo.
En el plano estrictamente laboral, el descontento de los trabajadores docentes y no docentes escaló de forma dramática durante los últimos meses. Los registros sindicales exponen una pérdida superior al 30% del poder adquisitivo frente a la escalada inflacionaria, consolidando el retroceso salarial más agudo de las últimas décadas para el personal universitario. Desde las federaciones afirman que un alto porcentaje de los profesionales asistentes percibe remuneraciones que los ubican de forma directa por debajo de la línea de la pobreza.
La respuesta de los ministerios nacionales frente a los insistentes reclamos de los rectores no arrojó ningún tipo de solución viable hasta el momento. Las mesas de negociación salarial permanecen completamente suspendidas y el Ministerio de Capital Humano mantiene una postura de absoluta intransigencia respecto a la ampliación de los presupuestos vigentes. Esta falta de canales de diálogo fluidos aceleró la unificación de los diferentes espacios gremiales, que ahora coordinan un plan de lucha conjunto de cara a los próximos meses.
El impacto de las 48 horas de inactividad total se sentirá con fuerza en las principales jurisdicciones educativas de la Argentina. Los colegios preuniversitarios dependientes de las instituciones públicas también se acoplarán de manera orgánica a la huelga, dejando a miles de estudiantes sin clases durante el cierre de la semana laboral. El movimiento estudiantil, por su parte, comenzó a organizar asambleas abiertas y ruidazos en los diferentes campus para manifestar su solidaridad con el reclamo de sus profesores.
De no mediar una convocatoria urgente por parte de los funcionarios de la Secretaría de Educación, el conflicto universitario amenaza con profundizarse de forma estructural. Los dirigentes de la CONADU anticiparon que ya se evalúa la organización de una nueva marcha federal educativa si el Poder Ejecutivo mantiene el torniquete sobre las partidas presupuestarias. La comunidad científica y académica se encamina así a un escenario de tensión prolongada que pondrá a prueba la resistencia del sistema de educación pública.