La mano derecha del Ejecutivo provincial realizó una fuerte autocrítica institucional al reconocer que todos los sectores internos del anterior frente gobernante tuvieron una responsabilidad compartida en el naufragio de la última administración. De esta forma, el armado de La Plata marca una clara línea de demarcación frente a las directivas que emanan habitualmente desde el Instituto Patria.
El debate por la renovación de las jefaturas peronistas sumó un capítulo de altísima tensión política a partir de las declaraciones del principal estratega del gabinete provincial. Carlos Bianco encendió las alarmas del núcleo duro del kirchnerismo al asegurar de forma taxativa que Cristina Kirchner ya no puede ser el eje principal sobre el cual gire la arquitectura discursiva y proselitista de una propuesta electoral competitiva.
La advertencia de la jefatura de gabinete bonaerense apunta a romper con el esquema de centralidad absoluta que, según su visión, asfixia las posibilidades de expansión del movimiento de cara a la sociedad. Desde la gobernación platense entienden que el espacio necesita construir nuevas narrativas y liderazgos horizontales que logren interpelar de manera efectiva a los sectores independientes que abandonaron al Justicialismo en las últimas elecciones nacionales.
En esa misma línea de acción, el funcionario respaldó activamente la proyección federal de Axel Kicillof como la alternativa más genuina para encabezar el proceso de resistencia y recambio doctrinario. Para el ministro de Gobierno, el mandatario de la provincia de Buenos Aires representa el único bastión con volumen territorial propio capaz de articular las demandas de los gobernadores del interior frente al programa de ajuste ortodoxo.
Por otra parte, Bianco evitó profundizar la grieta corporativa pero no esquivó la necesidad de ensayar un balance descarnado sobre las contradicciones de la experiencia del Frente de Todos en la Casa Rosada. En una inusual muestra de realismo político, el dirigente admitió que todas las terminales del peronismo fueron responsables directas del fracaso de la gestión nacional, desarmando la teoría de que la culpa fue exclusiva del sector albertista.
Como era de preverse, la contundente intervención del funcionario bonaerense reabrió las heridas y generó réplicas inmediatas en los pasillos parlamentarios de la provincia. Los referentes vinculados a la agrupación La Cámpora salieron a cruzar por lo bajo al ministro, acusándolo de dinamitar los puentes de unidad partidaria en el momento más complejo para los sectores asalariados y los sectores productivos golpeados por la recesión generalizada.
Para concluir, el posicionamiento de la mesa chica de la provincia de Buenos Aires consolida una estrategia de autonomía que promete reconfigurar el mapa de la oposición. Lejos de subordinarse a los mandatos históricos, los armadores platenses se plantan en la cancha con la certeza de que el futuro del peronismo se juega sin tutelajes verticales, desafiando el orden establecido dentro del mapa de poder justicialista.