Esta serie de reuniones reservadas tiene como objetivo principal tender puentes de cara al armado federal para las elecciones presidenciales del año 2027. La jugada genera fuertes recelos en el núcleo duro del kirchnerismo, que observa con desconfianza los movimientos autonómicos del líder provincial.
El primer paso de esta ambiciosa proyección territorial se materializó en un encuentro de fuerte contenido simbólico con mandatarios de la región centro. Axel Kicillof entiende que para dotar de sustentabilidad a su proyecto nacional debe romper el sesgo estrictamente bonaerense que históricamente condicionó a los postulantes de su espacio y abrir el juego de forma prioritaria hacia las provincias productivas.
En ese sentido, los principales armadores de la gobernación platense coordinaron canales de diálogo con el cordobés Martín Llaryora y el santafesino Maximiliano Pullaro. Si bien los separan profundas diferencias ideológicas en materia económica, los jefes provinciales comparten un severo reclamo contra la Casa Rosada por el recorte indiscriminado de los fondos de coparticipación y la paralización total de la infraestructura federal.
Por otra parte, la estrategia del mandatario provincial apunta a sumar volumen político entre los gobernadores del norte grande que quedaron huérfanos de una conducción nacional clara. El objetivo de máxima consiste en ofrecer una alternativa de gobernabilidad peronista que logre contener tanto a los sectores industriales como a las economías regionales golpeadas de forma severa por la recesión generalizada.
Sin embargo, el movimiento más audaz de la jefatura bonaerense radica en el acercamiento discreto hacia los sectores que cuestionan el liderazgo de Cristina Kirchner. Kicillof busca desactivar los vetos internos y construir una mesa de decisiones horizontal que deje atrás los esquemas de disciplinamiento verticalistas que terminaron por fracturar al anterior frente de Todos en el llano parlamentario.
Como era de esperarse, esta febril actividad extraprovincial encendió las alarmas en el esquema que comanda Máximo Kirchner desde la conducción del Partido Justicialista bonaerense. Los dirigentes de La Cámpora acusan al gobernador de adelantar de manera irresponsable la discusión electoral y de descuidar la gestión diaria en un territorio severamente castigado por los índices de pobreza e inseguridad creciente.
Para finalizar, la ofensiva federal de Kicillof marca el inicio de una compleja transición política dentro de la principal fuerza de la oposición. El éxito de este armado dependerá de su capacidad para sostener el equilibrio entre la identidad originaria de su electorado y la imperiosa necesidad de sumar a los sectores moderados del interior, indispensables para disputar el poder real.