El escenario político de las provincias asiste a una intensa ingeniería de consensos para reconfigurar el mapa de lealtades partidarias. En declaraciones radiales de fuerte repercusión, el mandatario de La Rioja, Ricardo Quintela le envió un mensaje a Martín Llaryora para que se sume al PJ de unidad. El dirigente norteño lidera una mesa de gobernadores que busca alambrar los territorios frente al avance institucional del partido del presidente. Las reuniones reservadas en las capitales provinciales apuntan a limar las viejas asperezas históricas originadas durante la última campaña presidencial. Los armadores justicialistas confían en sellar un pacto de convivencia pacífica antes del cierre de listas.
El dirigente riojano fundamentó su propuesta a partir de los excelentes lazos personales que mantiene con los referentes del cordobesismo tradicional. En ese sentido, el gobernador de La Rioja habló de su buen vínculo con su par cordobés y con Schiaretti de forma abierta. Las conversaciones informales entre los equipos de ambos distritos se mantuvieron activas incluso durante los momentos de mayor tensión legislativa. El norteño considera que la experiencia de gestión de la provincia mediterránea representa un activo indispensable para dotar de volumen programático al frente federal. Las bases del entendimiento contemplan el respeto absoluto por las realidades impositivas de la región central.
La ofensiva discursiva del mandatario del norte grande apunta a derribar los prejuicios ideológicos que paralizan las discusiones de la mesa chica. Al referirse a las disputas del pasado reciente, el riojano aseguró de forma contundente que no hay que tener miedo de juntarse con los compañeros para dar el debate. El mensaje busca romper el aislamiento político de la provincia de Córdoba y ofrecer una red de contención frente a las agresiones digitales oficiales. Desde la gobernación riojana insisten en que las diferencias metodológicas deben subordinarse a la necesidad de construir una alternativa competitiva. El peronismo dialoguista mira con atención los movimientos del bloque cordobés.
La postura de la gobernación de Córdoba se mantiene bajo un manto de estricta cautela para resguardar la relación institucional con la Nación. Los funcionarios cordobeses priorizan la defensa de la caja previsional local antes de definir alineamientos partidarios abstractos. El gobernador Llaryora evita las fotos de fuerte impronta kirchnerista para no tensionar su frente interno con los sectores agrarios y comerciales locales. Sin embargo, las comisiones técnicas cordobesas coordinan posturas viales con el resto de los mandatarios provinciales para reclamar por las rutas paralizadas. La ambigüedad estratégica de la provincia mediterránea cotiza al alza en el mercado de las negociaciones federales.
La Casa Rosada monitorea con extrema atención este proceso de acercamiento y ya emitió las primeras señales de advertencia presupuestaria. Los estrategas presidenciales amenazan con recortar las transferencias discrecionales a las provincias que firmen pactos opositores comunes. Desde el entorno presidencial insisten en que la fragmentación del peronismo es la condición necesaria para asegurar el triunfo oficial en las elecciones legislativas intermedias. La presión impositiva sobre las arcas provinciales funciona como el principal imán de la gestión libertaria para condicionar las voluntades de los intendentes del interior. La pulseada federal ingresa en una etapa de definiciones determinantes.
Las próximas audiencias de la Comisión de Presupuesto y Hacienda en la Cámara de Diputados serán el escenario donde se medirá la efectividad del llamado. Los bloques que responden a los gobernadores intentarán unificar los dictámenes para imponer el listado de las obras públicas. El éxito de la convocatoria de Quintela dependerá de la capacidad de los legisladores cordobeses para votar en sintonía con el bloque unificado. Si el frente de las provincias logra sostener la disciplina de voto, el Ejecutivo nacional sufrirá un severo revés parlamentario en el Congreso. El mapa partidario se rediseña al compás de la crisis económica.