La jefatura del Estado provincial asiste a una redefinición de los liderazgos que altera el tablero tradicional del peronismo. Esta nueva etapa de Kicillof muestra un fuerte perfil de autonomía territorial en las secciones electorales. El mandatario provincial decidió acelerar las reuniones con intendentes leales de la primera y la tercera sección electoral. Las recorridas por el interior bonaerense sirven para consolidar un esquema de contención para la militancia propia. El objetivo central de la mesa chica provincial es evitar la dispersión de las fuerzas aliadas.
La imposibilidad legal de un nuevo mandato al frente del Ejecutivo acelera de forma obligada las discusiones internas. Sus colaboradores más estrechos comenzaron a difundir las primeras señales sobre su sucesión habilitando la discusión formal de los candidatos viables. Distintos ministros de la actual gestión ya caminan el territorio con la aprobación silenciosa del propio jefe provincial. La intención oficial es retener el control de la provincia más importante sin someterse a imposiciones ajenas. Los alcaldes del conurbano exigen participación directa en el diseño del futuro esquema de poder regional.
La proyección del líder bonaerense rompe con los límites geográficos tradicionales de su propio distrito de gestión. El diseño de una agenda paralela incluye constantes viajes institucionales hacia las provincias del interior argentino. El gobernador teje lazos directos con mandatarios provinciales que muestran disidencias con el rumbo que impone la Casa Rosada. Estos encuentros permiten unificar posturas legislativas comunes en el Congreso frente a los recortes de los fondos federales. La construcción de un perfil federal resulta indispensable para sostener sus aspiraciones presidenciales futuras.
La relación con la conducción tradicional de la fuerza nacional atraviesa el momento de mayor distanciamiento histórico. El mandatario provincial mantiene la guardia alta frente a los Kirchner para resguardar la centralidad de su gestión. Los ministros que responden al gobernador bloquean sistemáticamente el avance de los segundones de la agrupación La Cámpora. La puja silenciosa por las cajas operativas y los cargos en los ministerios complejiza la convivencia diaria. Desde los despachos platenses exigen un trato de absoluta paridad en las mesas de discusión partidaria.
La Casa Rosada monitorea con extrema atención este proceso de reconfiguración que experimenta el principal polo opositor. Los estrategas del gobierno nacional buscan profundizar las grietas internas del justicialismo bonaerense de forma coordinada. El desfinanciamiento de las obras públicas provinciales funciona como una herramienta de presión para forzar el quiebre de los intendentes. Sin embargo, la persistencia de la recesión económica amalgama a los sectores críticos detrás de la figura del gobernador. El éxito del modelo bonaerense dependerá de la capacidad de resistencia financiera de sus arcas.
Las próximas jornadas parlamentarias en la Legislatura provincial servirán para medir el verdadero nivel de cohesión de la fuerza. Los bloques oficialistas deberán unificar criterios para aprobar las herramientas presupuestarias indispensables de la gobernación. Las negociaciones con los sectores dialoguistas exigen un despliegue de seducción política por parte de los funcionarios provinciales. Si el kicillofismo logra imponer sus proyectos, consolidará una ventaja sustancial de cara a los futuros armados electorales. El peronismo define su fisonomía en el principal bastión electoral del país.