El deterioro de las variables laborales cobró una fuerza inusitada durante el último año de administración libertaria. Las estadísticas sectoriales detallan que la pérdida neta alcanza los 110.000 empleos formales en los últimos doce meses, exponiendo las severas dificultades del sector privado para sostener sus dotaciones de personal. Las ventanas de medición demuestran que los mecanismos habituales de rotación de trabajadores se encuentran completamente congelados, forzando a que miles de personas desvinculadas queden marginadas de los circuitos de aportes a la seguridad social.
La gravedad del escenario macroeconómico se refleja de forma nítida en el quiebre y la desaparición de las unidades productivas. Las auditorías basadas en los registros de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) determinaron que el proceso de crisis se traduce en el cierre de 33 firmas por día. Este ritmo de persianas bajas afectó a más de 30.600 empleadores en los primeros 30 meses de mandato, configurando la tasa de mortandad empresarial más alta de la que se tenga registro para un inicio de ciclo de gobierno.
El mapa de la destrucción sectorial ubica a la producción fabril y a la infraestructura como las principales víctimas del actual modelo de negocios. La industria manufacturera lideró la expulsión con 97.312 bajas, afectada de forma simultánea por la apertura importadora, el encarecimiento de los insumos y el desplome de las ventas internas. Por su parte, el rubro de la construcción acusó el impacto directo del freno a las licitaciones estatales, anotando una contracción relativa del 16,8% en su dotación de trabajadores.
En paralelo al drama fabril, las viejas alternativas de contención laboral e ingresos familiares comenzaron a perder total efectividad en los barrios. El empleo en casas particulares sufrió la pérdida de 30.133 puestos, funcionando como un termómetro sensible que delata el severo ajuste de gastos que realizan los hogares de clase media. Los analistas advierten que el refugio en el monotributo o el cuentapropismo informal ya no alcanza para absorber la masa de despedidos, empujando la tasa de desocupación general hacia arriba.
Finalmente, las expectativas del sector empresarial de cara al segundo semestre se mantienen bajo un manto de extrema cautela y pesimismo. El sostenimiento de altos niveles de capacidad ociosa en las fábricas, combinada con la falta de señales claras de reactivación del consumo masivo, anticipa nuevas olas de suspensiones y despidos en las pymes. Desde el Ministerio de Economía insisten en que la flexibilización contenida en la reforma laboral estabilizará las planillas, pero los sindicatos alertan que el daño estructural sobre el tejido social demandará años de reversión.