El fenómeno de apreciación cambiaria impactó con una fuerza abrumadora sobre los servicios regulados y los gastos más rígidos de las familias. El rubro de Vivienda y servicios encabezó las subas con un impactante salto del 52,7% desde el inicio de la gestión de Javier Milei. La drástica quita de subsidios estatales y la actualización de las tarifas públicas de luz, gas y agua funcionaron como el motor principal de este encarecimiento en moneda dura.
La tendencia alcista se replicó de manera nítida en otras tres áreas reguladas que arrastraban retrasos históricos frente a variables externas. Las comunicaciones registraron un aumento relativo del 28,4%, seguidas de cerca por el transporte con un avance del 13,6% y la educación con un 7,3%. Estos cuatro sectores estratégicos explican por qué la canasta básica de los hogares se volvió considerablemente más costosa de sostener para el bolsillo de los trabajadores.
En la vereda opuesta, los sectores vinculados a los bienes transables y los productos de consumo masivo experimentaron un reacomodamiento bajista muy marcado. La indumentaria se posicionó como el rubro que más se abarató con un retroceso del 37% en dólares. La brutal caída del consumo interno combinada con una mayor flexibilización en los esquemas de importación obligó a las marcas y comercios a deprimir de forma drástica sus márgenes de ganancia.
Una dinámica bajista similar se constató en áreas esenciales para el abastecimiento y el cuidado cotidiano del hogar. El rubro de equipamiento doméstico cayó un 24,4%, mientras que salud y alimentos se redujeron un 18% y 14,7% respectivamente frente a los parámetros regionales. Esta contracción en dólares buscó realinear los valores locales con los precios vigentes en los mercados limítrofes, devolviéndole cierta competitividad a las góndolas de los supermercados.
A pesar de estas bajas puntuales, el mapa comparativo de Fundar demostró que Argentina sigue siendo costosa en sectores clave como la gastronomía y los restaurantes. Con esta nueva configuración, el costo de vida medido en divisas de la plaza local igualó la línea de Chile y superó las referencias de Brasil y Colombia. El desafío de cara a los próximos meses estará centrado en ver si la economía real puede absorber estos niveles de costos sin afectar los niveles de empleo.