Detrás del escudo defensivo por las reglas electorales, el encuentro alimentó de forma inmediata la hipótesis de un mano a mano entre Sergio Massa y Axel Kicillof por el liderazgo definitivo. El líder del Frente Renovador comenzó a abandonar su prolongado perfil bajo para posicionarse sutilmente como el gran articulador federal de la fuerza. El exministro de Economía mantiene un diálogo muy fluido con mandatarios del interior y busca erigirse como la contraparte necesaria del gobernador bonaerense de cara al armado nacional.
La figura del mandatario provincial, por su parte, concentra el peso territorial más significativo de la estructura partidaria tradicional. A pesar de los fuertes cortocircuitos que marcaron su relación con el kirchnerismo duro en los últimos tiempos, la cumbre funcionó como una tregua obligada frente al enemigo común. La presencia de los principales jefes de bloques legislativos y de varios gobernadores del PJ consolidó un ecosistema donde las ambiciones de Kicillof y el "hincha de Tigre" convivirán en tensión hasta el año próximo.
En el laberinto de las negociaciones, el fantasma del Frente de Todos opera como una mancha venenosa de la que todos intentan despegarse. Los estrategas de las diferentes tribus peronistas coinciden en que recrear una coalición con las características del pasado reciente sería un error letal para las aspiraciones del espacio. Por este motivo, el énfasis está puesto en ampliar las bases de sustentación y licuar los viejos personalismos a través del voto popular en una gran interna abierta.
El mensaje que emanó de las habitaciones del hotel de Retiro también incluyó una durísima advertencia para los gobernadores peronistas dialoguistas con la Casa Rosada. Desde la cúpula del PJ enviaron el aviso de que aquellos mandatarios que acompañen la reforma electoral oficialista sufrirán el armado de listas opositoras en sus propios distritos. La estrategia busca bloquear los votos que el gobierno de Javier Milei necesita imperiosamente en el Congreso para desactivar las primarias.
La respuesta de los intendentes del conurbano bonaerense tampoco se hizo esperar y sumó un condimento central a la discusión de fondo. Los jefes comunales con mayor peso electoral exigen una participación activa en el diseño de la estrategia, cansados de los lineamientos verticales impuestos de manera tradicional por las cúpulas. Este bloque territorial busca blindar sus propios municipios frente a los vaivenes macroeconómicos y avisó que no aceptará candidaturas impuestas a dedo sin un consenso real en las bases.
En definitiva, la tregua alcanzada representa apenas el punto de partida de una carrera de resistencia institucional. Los operadores políticos de ambas veredas estiman que las candidaturas reales recién comenzarán a cristalizarse al final del verano. Hasta que llegue ese momento de definiciones concretas, tanto Massa como Kicillof se enfocarán en engrosar sus propios caudillos y estructuras, sabiendo que el reglamento de las PASO será el árbitro inapelable de su destino político.