El diagnóstico que hacen los propios investigadores es durísimo y refleja el desespero que se siente en el día a día de las universidades. Quienes manejan las cuentas detallan que la plata que manda el Gobierno nacional no rinde nada frente a la inflación acumulada de los últimos meses. Hay salas de computación de alta complejidad y laboratorios biológicos que están al borde de cerrar las persianas definitivamente por falta de mantenimiento. “Estamos en una situación mucho peor que en los 90”, advierten con angustia desde los centros del Conicet.
Esta falta de perspectiva económica provocó lo que todos temían: una nueva ola de jóvenes científicos que deciden armar las valijas y emigrar. Las academias de medicina y ciencias exactas denuncian que el país está perdiendo mentes brillantes en las que se invirtió muchísimo tiempo y dinero público. El desánimo es total porque se suspendieron por tiempo indeterminado las becas y los subsidios para inventos aplicados al campo y al software local. El recorte de fondos está destruyendo el capital humano que el país necesita para competir y crecer en el futuro.
Para visibilizar este drama, la comunidad educativa saldrá con fuerza a la calle este miércoles 12 de agosto. La cita central es a las 16 en el Obelisco porteño, donde estudiantes, docentes y científicos se concentrarán para exigir una ley que salve el presupuesto. Los organizadores confían en que la marcha de hoy sea masiva y logre frenar la rigidez del plan oficial. La movilización federal del 12 de agosto medirá la fuerza de las universidades frente al plan de ajuste de la Casa Rosada.
Por el lado del Gobierno nacional, la postura sigue firme y no hay intenciones de dar el brazo a torcer con las planillas de Excel. Los funcionarios del área económica repiten que el Estado no puede gastar lo que no tiene y que todas las áreas deben pasar por auditorías estrictas. Aseguran que se busca limpiar la burocracia ineficiente y que solo se financiarán los proyectos científicos que den ganancias rápidas al sector privado. El oficialismo defiende la revisión del gasto en ciencia como una medida indispensable para ordenar la economía del país.
Lo triste de esta pelea es que lo que está en juego es el futuro tecnológico de la Argentina para los próximos diez años. La parálisis de los laboratorios afecta directamente a industrias estratégicas como la energía nuclear, los satélites y la biotecnología para el campo. Mientras los diputados corren contra el reloj para votar una ley que indexe los recursos de la educación, el sistema se sigue desangrando. La asfixia presupuestaria a los científicos pone un freno de mano al desarrollo industrial de la República Argentina.