La argumentación del dirigente peronista se concentró en la necesidad de superar los tradicionales aislamientos provinciales que debilitan la capacidad de presión ante el Palacio de Hacienda. El exgobernador advirtió que la dispersión de los reclamos por obras públicas y fondos viales solo beneficia la estrategia de licuación presupuestaria que implementa el Ministerio de Economía. Los equipos técnicos de las administraciones aliadas comenzaron a cruzar datos de recaudación para armar un pliego de demandas comunes que saltee la discrecionalidad oficial. Sergio Uñac defendió la integración regional de las provincias como la única herramienta efectiva de supervivencia institucional.
El legislador sanjuanino utilizó una perspectiva geopolítica y comercial para justificar el avance de los acuerdos interprovinciales por encima de las tradicionales pertenencias partidarias. Ante un foro de empresarios de la Región Centro y delegados del Nuevo Cuyo, el dirigente remarcó que los mercados mundiales demandan escalas de producción imposibles de abastecer de forma individual. La propuesta apunta a consolidar corredores bioceánicos integrados que faciliten la salida de la minería y el agro hacia los puertos del Pacífico y el Atlántico. “Ningún país de nuestra región tiene más fuerza negociando por sí solo”, sentenció Uñac con énfasis.
La movida del senador cuyano se produce en sintonía con el reciente paso adelante que ensayó el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, para federalizar la resistencia al ajuste fiscal. El acercamiento táctico entre las terminales políticas de La Plata y el peronismo del interior busca restarle centralidad al cerrado debate del conurbano profundo. Los armadores de este incipiente bloque federal pretenden construir una plataforma programática basada en el superávit comercial, la defensa de las regalías naturales y la reactivación de la obra pública. La articulación entre Kicillof y Uñac busca dotar de un perfil productivista a la fragmentada oposición justicialista.
Por el lado del oficialismo nacional, observan con recelo esta incipiente rebelión de las provincias y confían en la capacidad de seducción individual de los fondos del RIGI. Los estrategas de la Casa Rosada sostienen que los beneficios arancelarios para las grandes inversiones fracturarán los bloques regionales por la competencia natural por captar capitales. Los funcionarios de la jefatura de Gabinete mantienen activos canales de diálogo bilaterales con los mandatarios más necesitados de asistencia financiera para minar las estrategias de resistencia colectiva. El Gobierno nacional apuesta al atomizamiento de los gobernadores para neutralizar la presión parlamentaria.
El desenlace de esta pulseada federal marcará el ritmo de aprobación del próximo Presupuesto Nacional en las comisiones de la Cámara de Diputados y el Senado. Con un peronismo del interior que busca renovar sus liderazgos despegándose del kirchnerismo duro, el rol de los senadores territoriales cotiza al alza en cada votación. Las provincias buscan demostrar que la sustentabilidad del orden macroeconómico general depende de la salud financiera de las economías regionales. La consolidación de los bloques regionales pondrá a prueba la rigidez del plan de shock del Gobierno nacional.