La reciente caída de las reformas estructurales del oficialismo en la Cámara Alta desató una tormenta de reproches en la cúpula de la Casa Rosada. La desarticulación de las mayorías circunstanciales dejó en evidencia la falta de coordinación y la profunda desconfianza entre los principales armadores de la gestión. La impericia en la mesa de negociación no tardó en transformarse en reproches cruzados que dinamitaron la tregua interna. Los estrategas de Balcarce 50 culpan directamente a la conducción del bloque por mentir con el número de votos y exponer al Presidente a un fracaso.
En el epicentro del conflicto oficialista, los hermanos Milei terminaron de sellarle la cruz a Patricia Bullrich dentro de la estructura parlamentaria. Desde el entorno presidencial aseguran que la ministra de Seguridad y jefa de la bancada libertaria estiró la cuerda al negarse a retirar capítulos conflictivos exigidos por el ala técnica. La respuesta de la mesa chica fue retirar el apoyo político y dejarla chocar de frente contra la pared de los gobernadores aliados. Karina Milei sacrificó la ley de tierras para infringirle una derrota política y restarle centralidad de cara al armado electoral.
Por el lado del peronismo, la aparente victoria legislativa no logró ocultar una feroz interna que enfrenta a Sergio Massa y Cristina Kirchner contra Axel Kicillof. El exministro de Economía rompió su habitual bajo perfil para advertir que el gobernador bonaerense comete un error estratégico al encerrarse en su propio micromundo y actuar como un puntero local. Desde sus oficinas de la Avenida Libertador, el líder del Frente Renovador coordina movimientos tácticos con mandatarios provinciales para demostrar su capacidad de fuego. Massa intervino ante gobernadores clave para bloquear las iniciativas oficiales sin consultar con el mandatario provincial.
La expresidenta, por su parte, respalda la contraofensiva de Massa para equilibrar la balanza y frenar las ambiciones de emancipación del gobernador bonaerense. En el Instituto Patria consideran indispensable mantener la centralidad de la conducción histórica y rechazan los intentos de renovación que prescindan de su figura. Las encuestas que maneja el massismo ubican a la exmandataria como la dirigente más competitiva frente al oficialismo en una eventual primera vuelta. Cristina utiliza el despliegue territorial de Massa para cercar políticamente a Kicillof y forzarlo a negociar bajo sus condiciones.
El gobernador de la provincia de Buenos Aires optó por la resistencia pasiva, apostando al desgaste de la conducción tradicional y rechazando la foto de la unidad ficticia. Desde los despachos de La Plata sostienen que el vínculo a recomponer no es con las cúpulas de la dirigencia sino de manera directa con las demandas de la sociedad. Los estrategas bonaerenses confían en que las elecciones primarias serán la única instancia legítima para ordenar los liderazgos opositores. Kicillof desafía la conducción del Patria extendiendo los plazos del encuentro con Cristina y construyendo un armado propio.
El resultado de las votaciones en el Congreso no representa el final de una discusión, sino el inicio de una etapa de alta fragmentación política. Con un oficialismo que reordena su estrategia enviando paquetes desreguladores a la Cámara de Diputados para evitar el filtro del Senado, las tensiones no harán más que escalar. Mientras tanto, el justicialismo ingresa en una fase de dispersión extrema donde cada sector busca fortalecer su propia terminal para la batalla definitiva. El reordenamiento de los bloques parlamentarios anticipa un escenario de parálisis legislativa prolongada.