El mapa del poder libertario atraviesa horas críticas luego de que Patricia Bullrich redoblara la presión interna para forzar cambios en la estructura del Senado. La ministra de Seguridad alineó su estrategia con el sector de la secretaría general de la Presidencia para aislar políticamente a la vicepresidenta Victoria Villarruel. El objetivo principal de la embestida oficialista es cortar los hilos de contención que rodean a la titular de la Cámara alta mediante un desplazamiento forzoso de sus cuadros técnicos más leales.
La funcionaria nacional enfocó sus cañones de manera exclusiva sobre la figura del consultor político Mario "Pato" Russo, la mano derecha y principal estratega de Villarruel en el armado legislativo. Bullrich solicitó formalmente el apartamiento del asesor tras responsabilizarlo por tejer los acuerdos opositores que debilitaron los proyectos del Poder Ejecutivo en las comisiones. Esta demanda representa una declaración de guerra abierta hacia el esquema autónomo que la vicepresidenta intenta consolidar en el andamiaje institucional del Congreso.
La maniobra de la ministra de Seguridad se produce inmediatamente después de sufrir un duro traspié con la Ley de Tierras, cuyo capítulo debió ser retirado por completo del recinto. Bullrich había asumido el compromiso político de garantizar los votos para liberalizar la compra de campos por parte de capitales extranjeros, pero la impericia en la negociación sepultó la iniciativa. Ante el costo político de la derrota, la funcionaria activó este ataque mediático como un mecanismo de compensación y supervivencia partidaria.
En los pasillos del Palacio San Martín interpretan que la ofensiva busca estrictamente quedar bien con Karina Milei, jefa indiscutida de la estructura de La Libertad Avanza. La ministra necesita reconstruir los lazos de confianza con "El Jefe" y con el influyente asesor Santiago Caputo, quienes desconfían de sus movimientos autónomos y de sus alianzas sectoriales. Al atacar al entorno de Villarruel, Bullrich intenta demostrar una fidelidad absoluta a la conducción vertical que se comanda desde los despachos de Balcarce 50.
La respuesta del entorno de la vicepresidenta no se hizo esperar y las fuentes parlamentarias anticipan que Villarruel blindará por completo a Russo en su cargo del Senado. Cerca de la titular de la Cámara alta consideran que la exigencia de Bullrich constituye una intromisión intolerable en las atribuciones de otro poder del Estado. La mesa chica de la vicepresidenta le reprocha a la ministra el manejo errático de sus propios legisladores y la falta de autocrítica frente a los fracasos de gestión que acumula su cartera.
El conflicto expone la fractura expuesta que divide al oficialismo entre el ala ultra libertaria y los sectores que provienen de los acuerdos de centroderecha. Esta parálisis política debilita la capacidad de reacción del Gobierno justo en el momento en que se discuten leyes estructurales para el plano económico. Mientras persistan las disputas de cartel, la administración nacional seguirá pagando un alto costo legislativo que amenaza con trabar definitivamente la agenda de reformas de la Casa Rosada.