El Ministerio de Economía formalizó la inclusión de dos megaproyectos de infraestructura al amparo de los beneficios fiscales y cambiarios que ofrece el marco normativo actual. La decisión oficial apunta a resolver el cuello de botella técnico que genera la abundante producción de gas no convencional en la cuenca neuquina durante los meses de menor consumo local. El Gobierno considera que este paso es vital para transformar el potencial del subsuelo en un flujo continuo de exportaciones industriales de alto valor agregado.
La primera de las propuestas aprobadas contempla la construcción de una planta de separación de líquidos y compresión destinada a viabilizar los envíos hacia los países limítrofes. Esta obra permitirá optimizar la capacidad de transporte de los gasoductos troncales existentes sin necesidad de esperar el tendido de nuevas redes de distribución masiva. Los inversores privados comprometieron desembolsos millonarios apalancados en la estabilidad jurídica por 30 años que garantiza el instrumento legal diseñado por el oficialismo.
El segundo proyecto aceptado se enfoca en la industrialización en origen a través de un complejo petroquímico que utilizará el fluido como materia prima directa. Esta inversión busca sustituir importaciones clave para el sector agroindustrial local y generar saldos exportables de polímeros hacia los mercados de la región. El ingreso formal al régimen les otorga a las corporaciones la exención de derechos de exportación y el acceso preferencial al mercado de cambios para el repago de los créditos internacionales.
Desde el Palacio de Hacienda celebraron la medida señalando que el interés de las compañías ratifica la efectividad de las reformas estructurales implementadas para atraer capitales de riesgo. Los funcionarios del área energética confían en que estas obras funcionen como un puente hacia el proyecto definitivo de GNL, el cual requerirá una ingeniería financiera aún mayor. El plan oficial se apoya en que el sector privado asuma el riesgo de los desarrollos sin financiamiento ni avales por parte del Estado nacional.
Por el contrario, algunos analistas sectoriales advierten sobre la necesidad de acelerar las obras complementarias de distribución para que el beneficio se derrame de manera equitativa. Si bien el incentivo fiscal destraba las decisiones de los directorios corporativos, el verdadero impacto en las reservas se observará cuando los complejos estén operativos. Hacia el cierre del año, el sector energético consolidará su posición como el principal motor de la reactivación económica genuina frente al estancamiento de otras industrias.