La consultora Alaska-Trespuntozero encendió las alarmas en el esquema oficial al publicar su último relevamiento de opinión sobre las causas del estancamiento financiero actual. Los números reflejan que el 63,7% de los encuestados apunta directamente al presidente como el principal responsable del deterioro generalizado de sus ingresos y del consumo. Este dato marca un quiebre en la narrativa del oficialismo, que había logrado sostener el respaldo social durante los primeros meses basándose en el ordenamiento fiscal.
El dato más preocupante para la estrategia de comunicación oficial radica en la velocidad con la que se desmoronó el argumento de la pesada herencia en la población. Durante el mes de diciembre, la mitad de la sociedad afirmaba que el peronismo era el culpable absoluto del descalabro macroeconómico heredado por la gestión entrante. Sin embargo, ese colchón de justificación popular se licuó de forma acelerada y cayó por debajo del 30% en la medición más reciente del estudio.
La transferencia de la culpa hacia la actual administración coincide con los efectos tangibles de la caída de la actividad interna y la persistente pérdida del poder adquisitivo. Los analistas del sector señalan que el margen de tolerancia social empieza a mostrar límites concretos al consolidarse un prolongado escenario de estanflación. La ciudadanía, que inicialmente aceptó el programa de shock, comienza a demandar resultados inmediatos en su economía diaria más allá de las variables técnicas.
El humor social medido por la encuestadora pone en jaque la estrategia parlamentaria y el armado político de La Libertad Avanza con vistas al próximo año legislativo. Sostener la gobernabilidad y el programa de reformas se volverá una tarea compleja si los índices de desaprobación siguen mostrando esta trayectoria ascendente. El bloque oficialista dependerá de una reactivación veloz en los niveles de empleo para frenar el traspaso de desencantados hacia las filas de la oposición.
Desde el entorno presidencial intentan relativizar los sondeos argumentando que las medidas de fondo suelen generar resistencia en los sectores tradicionales antes de mostrar beneficios estables. La obsesión oficial sigue fija en la convergencia inflacionaria hacia la baja y en la remoción total del cepo como las únicas llaves válidas para revertir la tendencia. Los próximos meses serán determinantes para observar si el Gobierno logra torcer la percepción de la calle o si el desgaste se vuelve irreversible.