El mandatario de la Provincia de Buenos Aires rompió el silencio para fijar una posición contundente respecto de la situación procesal de los principales referentes de su espacio político. Durante una rueda de prensa en La Plata, Kicillof respaldó de forma abierta la presentación judicial de Cristina Kirchner ante el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Para el gobernador, el fallo de la causa Vialidad representa una persecución institucional que busca condicionar el mapa electoral de la oposición.
A pesar de esta coincidencia en el plano legal, las diferencias estructurales con el ala dura del kirchnerismo volvieron a quedar expuestas al analizar la estrategia política de cara al armado de las próximas listas legislativas. El jefe provincial advirtió que es una irresponsabilidad discutir candidaturas en este contexto de crisis, desestimando las presiones de los sectores ultra k que pretenden acelerar las definiciones partidarias en el conurbano bonaerense. Su postura apunta a priorizar la gestión territorial por sobre la rosca de las agrupaciones.
En los despachos de la gobernación platense explicaron que el gobernador mantiene un profundo respeto por los planteos de Máximo Kirchner, pero no comparte la metodología de someter al peronismo a un debate interno permanente. Cerca del mandatario bonaerense señalan que la obsesión camporista por imponer condiciones rígidas debilita la unidad del frente opositor, especialmente en momentos donde los intendentes del Gran Buenos Aires reclaman de manera urgente fondos de asistencia social para sostener los comedores comunitarios.
La estrategia discursiva desplegada por el exministro de Economía funciona como un dique de contención para evitar que la interna peronista degenere en una fractura legislativa insalvable. Al balancear su fuerte respaldo corporativo a la expresidenta con una marcada autonomía política frente a su hijo, Kicillof consolida su propio perfil de liderazgo renovador sin romper los puentes de diálogo institucionales. Esta sutil maniobra le permite retener el apoyo de la militancia tradicional sin quedar subsumido por la conducción del PJ provincial.
Por su parte, los intendentes del conurbano que integran la mesa chica de la calle 6 observan con buenos ojos este distanciamiento táctico del gobernador respecto de las estructuras partidarias tradicionales. Los alcaldes territoriales coinciden en que la centralidad absoluta de Cristina Kirchner ahuyenta a los sectores independientes, restándole competitividad a un peronismo que necesita expandir sus fronteras de fomento político si aspira a transformarse en una alternativa real de poder para los comicios venideros.
El escenario político de la provincia de Buenos Aires ingresa así en una etapa de tensa tregua donde las definiciones electorales quedarán postergadas por las urgencias de la recaudación fiscal local. Con el respaldo explícito al reclamo internacional de la ex vicepresidenta asegurado, el gobernador bonaerense resiste las presiones de La Cámpora y estira los plazos de la discusión partidaria, priorizando la consolidación de un esquema de poder autónomo que le permita blindar su gestión frente a las tormentas macroeconómicas nacionales.