La parálisis estatal en territorio bonaerense comenzó a quebrar la paciencia de los propios alcaldes oficialistas, quienes ya no ocultan su malestar ante un gabinete provincial que parece más enfocado en la rosca de cara a 2027 que en resolver las urgencias de los municipios. Mientras la crisis económica golpea con dureza los ingresos provinciales, la respuesta de la gobernación se limita a discursos combativos contra el Ejecutivo nacional, una estrategia que empieza a desgastarse velozmente entre los vecinos que sufren las deficiencias cotidianas.
La denominada Liga de Intendentes se plantó esta semana para demandar un canal de diálogo real que permita destrabar fondos clave para la obra pública y el sostenimiento de los comedores escolares. Para muchos jefes territoriales, el gobernador Axel Kicillof está rifando el poco capital político que le queda al subestimar el impacto del parate económico en el conurbano y el interior profundo, priorizando actos de neto corte electoral por sobre el auxilio financiero a los municipios.
El frente sanitario es uno de los puntos que mayor tensión genera en la provincia, debido al colapso sistemático de las guardias en los hospitales públicos y las deficiencias en el esquema de atención integrada que el Ministerio de Salud local intenta pregonar. Desde la oposición provincial denunciaron que el discurso de la accesibilidad y la infraestructura gratuita choca de frente con la realidad de los pacientes que deben esperar meses por un turno o lidiar con la falta de insumos básicos en los centros de alta complejidad.
A este panorama se suma el descontento del sector productivo bonaerense, afectado por las elevadas tasas de interés locales y la presión fiscal de ARBA, variables que asfixian el normal funcionamiento de las pequeñas y medianas empresas de la región. Si bien el mandatario provincial responsabiliza de manera exclusiva al rumbo macroeconómico general, las cámaras empresariales de la provincia apuntan a la falta de políticas de fomento locales y el atraso productivo institucional como los verdaderos agravantes de la recesión regional.
En el plano estrictamente político, los armadores territoriales de distintas corrientes peronistas observan con recelo las reuniones del mandatario con figuras del viejo peronismo no alineado, movimientos interpretados como un intento desesperado por edificar una estructura propia. Sin embargo, este despliegue genera fuertes cortocircuitos internos, ya que varios sectores del peronismo consideran que la gestión bonaerense está descuidada por la obsesión del gobernador de transformarse en el único jefe de la oposición.
El balance del primer semestre de este año dejó un sabor amargo en la administración centralizada de La Plata, forzando a una reconfiguración de prioridades presupuestarias que llega tarde para mitigar el impacto social. De no mediar un giro drástico que devuelva la centralidad a las problemáticas de seguridad, educación y salud en los barrios, Kicillof arriesga su proyección nacional al no poder exhibir una provincia ordenada y eficiente como su principal carta de presentación.