El escenario político de la provincia de Buenos Aires sumó un foco de conflicto de altísima densidad discursiva proveniente del peronismo no alineado. La experimentada dirigente nacional Graciela Camaño lanzó duras críticas contra la conducción de Axel Kicillof, al evaluar la preocupante coyuntura institucional y social que atraviesa el principal distrito electoral del país. Las definiciones de la exdiputada dinamitaron los frágiles puentes de diálogo que los sectores moderados intentaban tender en el conurbano, exponiendo que el descontento con la administración platense excede por completo los límites del kirchnerismo duro de La Cámpora.
El núcleo de los reproches de la histórica referente se enfocó en las deplorables condiciones de vida que experimentan diariamente los habitantes bonaerenses. Camaño sentenció de forma categórica que la provincia de Buenos Aires es un desastre absoluto, argumentando que las prestaciones básicas del Estado provincial se encuentran en un estado de parálisis estructural alarmante. Según su crudo diagnóstico de territorio, las recurrentes fallas en las redes de atención sanitaria, la precariedad de la infraestructura escolar profunda y la proliferación del narcotráfico en las barriadas periféricas exponen una alarmante falta de gestión real.
Para la exministra de Trabajo, la responsabilidad de este deterioro responde de forma directa a la studied estrategia de posicionamiento nacional que prioriza el mandatario. La dirigente acusó al gobernador provincial de descuidar sus obligaciones ejecutivas primarias para armar su campaña presidencial, distrayendo valiosos recursos materiales y tiempo institucional en recorridas de tribunas ajenas. En esa línea, la referente lamentó que el Palacio de la Calle 6 actúe más como una plataforma de disputa facciosa frente a la Casa Rosada que como el centro operativo destinado a resolver las urgencias de los vecinos.
La fuerte andanada discursiva de la referente también barrió con la deslucida puesta en escena que exhibieron los diferentes sectores partidarios durante las últimas jornadas. Camaño manifestó una profunda indignación ante la vergonzosa división del peronismo en los actos de Evita, catalogando a las convocatorias paralelas de Kicillof y Máximo Kirchner como una falta de respeto al legado histórico del movimiento. Para la dirigente, anteponer las vanidades personales y las discusiones de listas en un contexto de severa crisis económica refleja una desconexión total con las necesidades de la clase trabajadora.
Como era de esperarse, la contraofensiva de las espadas políticas que responden al gobernador bonaerense no tardó en manifestarse en las redes sociales de la región. Ministros del gabinete provincial salieron en bloque a cruzar las declaraciones, acusando a la exdiputada de funcionar como un eco funcional a los intereses de los libertarios y de la centroderecha nacional. Los funcionarios de La Plata argumentaron que el ajuste de la Nación es el verdadero determinante de la caída de los recursos provinciales, defendiendo la resiliencia de la gestión en un frente fiscal marcadamente hostil.
Las declaraciones de Camaño caen como un balde de agua fría en momentos donde Kicillof ensaya un armado transversal con sectores del peronismo tradicional e intendentes del interior. El pronunciamiento de una figura con fuerte predicamento en el cordón industrial del conurbano demuestra que la marca de la gestión bonaerense arrastra un severo desgaste difícil de revertir en los muestreos de opinión pública. Las próximas semanas serán claves para observar si estas críticas logran aglutinar un polo peronista disidente o si el oficialismo provincial consolida la polarización total con el modelo de Milei.