La dinámica extractiva en la provincia de Neuquén comenzó a revelar una metamorfosis tan silenciosa como determinante para el sector energético nacional. Los últimos informes oficiales de producción encendieron el entusiasmo de los analistas al demostrar que el gas asociado al petróleo es el nuevo motor que impulsa el negocio de la compañía de bandera nacional YPF. El fenómeno altera el paradigma tradicional de la cuenca, demostrando que los bloques inicialmente perforados para extraer petróleo no convencional están arrojando volúmenes de gas inesperadamente altos.
Esta realidad productiva muestra dos realidades marcadamente contrapuestas si se analiza el cierre del primer semestre en la región. Mientras que la producción gasífera total de la compañía experimentó un ligero retroceso debido a factores estacionales y de transporte, los bloques específicos situados en el corazón del shale oil registraron un notable crecimiento de dos dígitos. Este comportamiento diferencial confirma que, a medida que las empresas aceleran el ritmo de fracturas en busca de combustibles líquidos, liberan de manera conjunta un volumen de gas rico en moléculas comerciales.
En este nuevo ecosistema de extracción compartida, el bloque estrella de la firma estatal, La Amarga Chica, elevó su producción gasífera diaria hasta alcanzar los 1,701 millones de metros cúbicos, anotando un salto mensual del 16,1 por ciento. Muy de cerca se ubicó el yacimiento La Angostura Sur I, que alcanzó un promedio diario de 1,520 millones de metros cúbicos y un alza superior al 10 por ciento. Ambos yacimientos forman parte del corredor norte y ratifican que el desarrollo conjunto de hidrocarburos llegó para quedarse en la planificación estratégica.
Por fuera del corredor puramente petrolero, el histórico bloque Loma La Lata-Sierra Barrosa sorprendió al consolidarse en el segundo puesto del ranking interno de la empresa, inyectando 5,251 millones de metros cúbicos diarios. A pesar de este empuje de las áreas asociadas, el liderazgo general de la cuenca aún permanece bajo el control de los grandes desarrollos de gas seco como Rincón del Mangrullo, el cual se mantuvo en lo más alto del podio con más de 5,372 millones de metros cúbicos por jornada, pese a experimentar lógicas bajas técnicas.
Sin embargo, este cambio en la composición molecular del fluido plantea un desafío logístico de escala multimillonaria para los operadores. Los geólogos explican que el gas asociado es un fluido "húmedo" con una altísima presencia de líquidos valiosos como propano, butano y etano que requieren plantas de separación y acondicionamiento previas a su inyección en los gasoductos troncales. Es por ello que YPF ya convalidó su alianza estratégica con Transportadora de Gas del Sur (TGS) para avanzar en un megaproyecto de infraestructura orientado a industrializar estos componentes ricos.
La aceleración de este recurso se alinea directamente con los ambiciosos objetivos de exportación a largo plazo que se trazó la gestión de Horacio Marín. Con la mira puesta en el abastecimiento regional y el futuro despliegue de las plantas de Gas Natural Licuado (GNL) bajo el amparo de los marcos regulatorios nacionales, el gas asociado se posiciona como una palanca competitiva inigualable. La capacidad de YPF para procesar y poner en valor cada molécula que surge del subsuelo neuquino dictará, en gran medida, el ritmo del superávit comercial energético.